Hone Tūwhare, el gran poeta maorí

Por Jerónimo Corregido           

Como hemos visto en entregas anteriores de esta sección, la literatura de Nueva Zelanda es una miríada de idiomas y de nacionalidades. En esta oportunidad, nos adentraremos en la obra de Hone Tūwhare (1922-2008), el más famoso poeta maorí en lengua inglesa. Controvertido, progresista, sensible y comprometido con los grandes eventos de su tiempo, Tūwhare es una de las mayores referencias literarias de la tangata whenua, la «gente de la tierra» de Aotearoa. Con su estética tradicional y disruptiva a la vez, logró ganarse su lugar como poeta laureado de su país.

Tūwhare nació en 1922 en Northlands, el extremo noroeste de la isla norte de Nueva Zelanda, una de las regiones más húmedas y calurosas. Pertenece al iwi Ngā Puhi, y a los hapu Ngāti Korokoro, Ngāti Tautahi, Te Popote y Uri-o-Hau. Estas filiaciones, que al ojo latinoamericano parecen exóticas e irrelevantes, son centrales para entender la cultura maorí y la individualidad de Hone Tūwhare. Cada tribu (iwi) representa una impronta particular, con cierta tradición que involucra tanto los legados ancestrales como los quehaceres prácticos. Es importante recordar que antes de la llegada de los ingleses, los maoríes creían ser la única gente del mundo, y cada tribu era (remotamente) análoga a lo que se entiende por países.

Los maoríes no tienen la costumbre de coleccionar libros; ni siquiera gustan mucho de los estantes en las paredes. En la casa de Hone, el único libro era la Biblia del Rey Jacobo, la famosa traducción del monarca inglés de 1611. Este material funcionó como el disparador de lo que sería su poética: el padre le hacía leer versículos con un tenor recitativo y performático, que luego aplicaría a su obra. De hecho, según las palabras del propio Tūwhare, la poesía y la actuación tienen muchos puntos de contacto. En ambos casos, el artista debe «levantar» (lift) el significado de las palabras, arrancarlo del significante, hacerlo propio.

En su juventud, trabajó en los talleres ferroviarios. El sindicato de trabajadores de esta industria era muy fuerte, y era uno de los pocos que representaban los intereses de los sectores populares (junto con el gremio portuario). En el contexto de militancia en el Partido Comunista, Tūwhare conoció al R. A. K. Mason, conocido como «el primer gran poeta de Nueva Zelanda». Fue Mason quien incentivó a Tūwhare en los comienzos de su carrera como autor; está clara la importancia de la creación de un campo literario para el desarrollo de la literatura de un país, materia que Nueva Zelanda tiene aplazada desde hace tiempo. Los primeros poemas de Tūwhare fueron publicados en distintas revistas, entre ellas Landfall, de la editorial Caxton, dirigida por Denis Glover.

Esas publicaciones dispersas fueron seguidas de cerca por una de las editoriales más prestigiosas del país, Blackwood and Janet Paul, quienes le propusieron publicar un libro de poemas. La invitación fue declinada; no por falta de interés, sino porque en verdad no tenía hasta el momento sino seis o siete poemas terminados. Finalmente, consiguió producir el material para su primer libro, No Ordinary Sun, de 1964. Esta es la publicación más emblemática del autor. Allí ya se condensan los elementos sobresalientes de su obra, que la hacen única: la tradición maorí, el marxismo, la naturaleza, el lenguaje simple que cava pozos profundos de pensamiento con las asociaciones más mundanas.

Hone Tūwhare. Foto: stuff.co.nz

Las causas maoríes y del proletariado se juntan en el activismo de Tūwhare. En 1975 participó de la histórica Marcha de la Tierra (Land March), o, mejor dicho, Marcha por la Tierra. Se trató de una peregrinación de más de 5.000 personas desde Northland hasta Wellington, la capital del país; es decir, todo el largo de la isla norte. El viaje comenzó el 14 de septiembre y terminó el 13 de octubre; su objetivo era reclamar la devolución de las tierras vendidas en los abusos inmobiliarios de los sucesivos gobiernos pākehā[1]. Tūwhare escribió un poema célebre sobre este episodio. En el último verso, el yo lírico se despide diciendo “What a good time to take a walk” («Qué buen momento para salir a caminar»), luego de haber descripto con vigor las virtudes naturales de la estación. Esto remite a los Cuentos de Canterbury de Chaucer, en tanto se celebra la primavera como el momento de peregrinaje. La voz de Tūwhare es sarcástica y solemne a la vez, de modo que le da lugar a la naturaleza dejando intersticios para vislumbrar la inquietud social.

A comienzos de la década de 1970, visitó la China comunista, lo cual lo colocó en las listas de personas espiadas por el tardío macartismo local. Además, el poeta militó activamente en las Panteras Polinesias (PPP), una organización revolucionaria que defendía los intereses de los maoríes y de las comunidades pasifika (de otras islas del Pacífico Sur). También fue gestor del hui (encuentro) de Escritores y Artistas Maoríes en Te Kaha.

Esta época vio la migración del autor hacia la isla sur junto con su amigo el artista pictórico Ralph Hotere. La región de Otago, y en particular las Catlins, se convirtieron en un leit motiv de su obra. La centralidad de la naturaleza, ya demostrada en No Ordinary Sun, se volvió más creativa y original en las publicaciones de esta década: Come Rain Hail (1970), Sapwood and Milk (1972), y Something Nothing (1973). Otago es una provincia de geografía generosa: paisajes abruptos, montañas escarpadas, actividad tectónica, lagos dramáticos y playas de cantos rodados frente a las olas del Océano Pacífico. Todas estas características le caben también al estilo de Tūwhare durante la década de 1970. Su sensibilidad no le impedía conjugar las causas sociales por las que abogada, como se percibe sobre todo en Making a Fist of It  de 1978.

Esta imbricación del material apolíneo del paisaje circundante con su espíritu revolucionario es lo que lo diferencia más marcadamente del romanticismo inglés. Para él, Keats y Wordsworth se volvieron tan románticos que «se olvidaron del mundo», como indica en el documental Hone Tūwhare de 1996. La poesía estaba mucho más cerca de los cánticos primitivos: de las waiata maoríes y de los cantos rituales, sí, pero también en un sentido más humano y general, como elemento sustancial de toda cultural. Tūwhare daba el ejemplo de los antiguos anglosajones que cantaban mientras cavaban pozos: eso era la poesía, el lenguaje vulgar y elevado que usan las clases populares, y que él mismo puso en práctica en su obra. Glenn Colquhoun, un sobresaliente poeta contemporáneo neozelandés, resalta que, al escuchar recitar a Tūwhare, finalmente sentía que la poesía entraba en contacto con el inglés real, el que usaba la gente de carne y hueso de Aotearoa.

“They had a good library at the railway workshops and so I discovered a new world.”
(Había una buena biblioteca en los talleres ferroviarios y así descubrí un nuevo mundo)

También a partir de 1970 y de su residencia en Otago, se volvió más evidente la influencia de su amigo de toda la vida Ralph Hotere, cuyas pinturas pueden interpretarse como la contraparte visual de su poética, al menos durante cierto período. La discusión sobre arte desde una perspectiva interdisciplinaria les abrió las puertas a ambos para pensar sus obras de una manera muy integrada, sensorial y consciente. El siguiente poema, titulado «Hotere», es producto de ese intercambio entre amigos:

Cuando solo ofreces tres

precisas líneas verticales

y las arrojas al oscuro estanque de laca,

es un tipo visual de inanición:

y a pesar de que mis ojos

se den vuelta para espiar adentro

de mí, cuando llego al comienzo

de tu eternidad te digo en cambio: carajo

pidamos otra porción de mejillones.

Pero, lo tengo que pensar, hermano.

Cuando apilas líneas horizontales

en postes verticales que parecen

avanzar, recular, brillar y ondear

como mazos de cartas explosivos,

si no es inanición, es una fiesta.

Tengo que rolar otro pucho, hermano.

Mas cuando marcas un excelso círculo

naranja en la base púrpura del pensamiento

sacudo la cabeza y digo: mierda,

qué es esa cosa llamada aroha.

Estoy jodido. ¿Estaré eclipsado?

En este poema se tratan las cuestiones profundas de la creación artística desde una perspectiva coloquial y mundana. La respuesta del yo lírico al llegar «al comienzo de tu eternidad» es pedir otra «porción de mejillones». La comida de mar típica de las Catlins está muy presente en los poemas del autor. En este texto también se pone en evidencia, de manera oblicua y metonímica, su preferencia estética: «un excelso círculo/ naranja en la base púrpura del pensamiento» es la manera de llegar a percibir el aroha. Esta es una de las palabras elusivas y complejas del maorí, que suele traducirse como «amor», aunque está más cerca de la caritas latina: cierto tipo de amor que tiene que ver con la compasión y la empatía. La traducción del poema, realizada por mí, presenta al menos dos deficiencias: no logra reproducir el lenguaje sumamente coloquial que le es propio al autor, y no consigue transmitir el componente lúdico del último verso. Donde la segunda persona (supuestamente, Hotere) replica «Estoy jodido», en el original dice «I’m euchred», lo que equivale a ser chantajeado en un juego de euchre, al tiempo que ambiguamente implica encontrarse en problemas o sometido al cansancio.

Tūwhare y Hotere. Foto: Dunedin Public Art Gallery

La carrera de Tūwhare estuvo llena de premios y condecoraciones. En ese sentido, quizás el momento más emblemático fue su consagración como poeta laureado de Nueva Zelanda entre 1999 y 2001. Fue el segundo autor en recibir esta distinción, luego de Bill Manhire en 1997-1999. Tūwhare se distinguió como un orador efervescente y un excelente lector de poesía. Su actividad en escuelas de todo el país fue incansable. En el 2007, su poema «Lluvia» fue votado como el más emblemático de la literatura neozelandesa. Existen numerosas versiones musicales de este texto, que van desde la música académica a la música popular. Lo traduzco a continuación:

Te puedo oír

haciendo pequeños agujeros

en el silencio

lluvia

Si fuera sordo

los poros de mi piel

se abrirían para ti

lluvia

Y yo

te reconocería

por tu lamidas

si fuera ciego

ese olor tuyo

tan especial

cuando el sol reseca

el suelo

el acompasado

sonido de redoble

que haces

cuando el viento amaina

pero si

no pudiera oírte

olerte o sentirte o verte

a ti

aun me

definirías

dispersarías

empaparías

lluvia

Lejos de la tendencia soporíferamente bucólica del arte neozelandés inspirado en la naturaleza, Tūwhare logra transmitir sensaciones humanas y sensoriales sobre la lluvia. No es un fenómeno meramente visual ni estático, sino que tiene todo el dinamismo de la experiencia única y universalizable de sentir la lluvia en el cuerpo, aun sin necesidad de mojarse directamente.

Esta manera de convivir la naturaleza puede estar basada en la kaitiakitanga, concepto maorí que implica la continuidad entre los humanos y su entorno. Esto implica la responsabilidad de proteger el ambiente en el que se vive, pues es parte del propio cuerpo. Así parece verse en el poema «Pensamientos en torno a un proverbio sufí», traducido por Rogelio Guedea para la web Poesía de Nueva Zelanda:

Hace mucho tiempo fui un átomo. Una unidad en dos, magníficamente fusionada.

Lleno de potencial, estaba cerca de mi esencia. Morí como átomo y

evolucioné hacia otra forma. Me convertí en piedra, lejos de derretirme.

Me estaba enfriando.

Luego de ser piedra me volví planta. Como planta, aprendí

a cazar y a comer carne. Morí como planta y me volví pez. Como pez

me crecieron alas y volé sobre las agitadas aguas. Después aspiré

a subir por encima de las verdes y altas colinas.

Cuando morí como planta, en otra rama que me gustaba de mí crecieron piernas

y salí arrastrándome del mar –sobre mis cinco. ¿O serían seis o siete?

No importa, tenía brazos, piernas y dos manos con las cuales aprendí

a levantar piedras y afilar palos.

Mi otra rama volátil trató de sacarme los ojos. Se mofaron

por no haber elegido un oficio aéreo. No hice caso a la burla,

escabulléndome para sortear el peligro. Aprendí a lanzar piedras.

Y pronto, con una diestra precisión, puede derribar a mis

torturadores.

Me los comí con plumas y todo, solo aprendiendo más tarde a salvar

las plumas para adornarme yo mismo.

Evolucioné de planta y me convertí en animal. Morí como animal

y me convertí en hombre. Ahora … nunca maduré tanto muriendo

¿entiendes?

Quiero volver a ser piedra, pero no de esas que son tan frías

como la eterna noche – el lado oscuro de la luna.

Para una piedra es lo mismo una forma o figura que otra.

Compacta y lisa para volverme un millón de grumos murmurantes

de arena desmembrada calladamente lejos del

polvo ancestral; y todo en buen tiempo, también, precisamente,

y con resignada elegancia.

Foto: teara.govt.nz

En 1992, Hone se mudó a Kaka Point, en las Catlins, donde aún es recordado con cariño por la gente del pueblo. Los locales refieren su humor y su personalidad amigable y templada. Según Glenn Colquhoun, la experiencia poética era la persona misma: la escritura era un efecto colateral. Tanto los hijos del poeta, que dirigen la Fundación Tūwhare, como el escritor neozelandés Sam Hunt, colocan al autor en el podio de la poesía internacional junto con Pablo Neruda. La asociación no es gratuita: ambos son autores del lenguaje popular, poetas de la tierra, que saben trabajar con las manos para cultivar las metáforas. No hablan con la voz de los márgenes, como Charles Bukowski o nuestro Vicente Luy, sino con la garganta viril de la clase obrera. Pero hay más: existe una relación tangible pero aún no profundizada entre el pueblo maorí y el latinoamericano. En ambos casos los poetas son voces sublevadas que resisten a las armas de dominación, tanto material como simbólica; Neruda y Tūwhare son revolucionarios a su manera.

Es importante leer a Tūwhare hoy en día porque nos remite a la tempo de la naturaleza sin perder el ritmo del mundo contemporáneo: es una voz que nos habla con la cadencia de las olas del Pacífico Sur, y con la templanza del viento de Otago, y con la calma de los lagos entre las montañas, manteniendo el sentido de propósito del individuo mundano. La naturaleza de Tūwhare no nos queda tan lejos como la de Shelley o Coleridge. Sobre todas las cosas, la obra de este autor es una excelente manera de conocer Nueva Zelanda: sus palabras son el paisaje de las Catlins y el clima intempestivo de la isla sur. Mucho mejor que cualquier foto, los poemas de Tūwhare comparten el mundo neozelandés de manera vívida y sensorial.


[1] El pleito continúa hasta el día de hoy, e involucra un sinfín de atropellos sobre la propiedad y la cultura de los maoríes; el gobierno actual de Nueva Zelanda no es la excepción: su violencia se pone de manifiesto ante la resistencia de la región de Ihumātao, donde el movimiento “Save Our Unique Landscape” (SOUL) lucha contra la ocupación de la empresa constructora Fletcher Building.

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