Espejismos
Considero el lenguaje
y la calle
sin embargo
vive su historia.
Qué importancia tienen estos relámpagos
el miedo de la siesta, los animales lentos
del mediodía
apareciendo a un sol raído
entre estas excesivas floraciones
de Santa Rosa de Toay.
Uno hubiera esperado el desierto,
es más, se había preparado para el desierto.
Qué es esto entonces
esta humedad en los canteros
el crecimiento verde
donde empluman acacias
un paraíso remoto
y esos muñones suplicantes del invierno
repentinamente
florecidos
y esos pájaros atrapados
en tormentas inciertas
en los brillos
desconcertantes del camino.
Espejismos infieles
que nacen del verano.
Mientras tanto
los torpes pies hinchados
descienden
en busca de agua fresca
y aunque en algún lugar
ocurra el pensamiento
aquí abajo se sufre.
Mar de Solaris
Ningún saber te eximirá del tiempo
reptil que se desliza por tu cara
marcando cada pliegue
en el espléndido y quieto mediodía
mientras la nave gira
demencialmente
en torno de sí misma y alrededor del Sol
miles de años cada vez más allá
la rotación carcomiendo los huesos
que te van inclinando al occidente
mientras en el lugar en que naciste
la imagen de cinco años
cuidando tu deseo
el momento y el sitio
y preservando
el hueco donde tu madre
te envolvió en blancos brazos y entre mantas tejidas
bajo un septiembre de vientos
en la zona extraviada
donde ya es raro ver
cómo viven los otros
en el único lugar del cosmos
que es tuyo realmente
aunque dejaste allí la criatura invisible
que convive con acacias
y sombras
cada día cada noche y cada día otra vez.
Primavera lluviosa
A veces pienso
que de este mundo me llevaré los grises.
Paisajes de chatarra
que la línea del óxido divide
hasta sufrir el aire de la primavera.
De este paisaje
un blanco florecido
en escorzo unos perros
los muros de la cárcel
sueño y lluvia.
Alargada la tarde
remite a un humo quieto
sigue y sigue.
Mientras tanto
los pesados camiones
abriendo la distancia
se pierden
hacia la noche ciega
de las rutas.
Infancia
Hasta dónde llegarán
las raíces de aquellos tamariscos?
Hasta el nudo del sueño
o hasta el infierno mismo,
me pregunto.
Deseo
Que me sea concedida
una vez más
esa dicha del verano
dividida entre soles y entre árboles
esa gracia, quiero decir.

De las migrañas
Por qué no contar todo?
Ella susurra
hay una fiesta
lejos
el mundo baila
intercambia sus máscaras su insidia
y en tu distanciamiento
me vuelvo femenina
la forma de tu mente
circular
reiterante
aletargada
y en esa bruma crezco desde aquellas mañanas
de tu jardín perdido
para reconocerme
con los años
en los alrededores de una ciudad inmensa
golpeándote el estómago y los nervios
mientras el coro cantaba su canción de escuela
y vos no te explicabas el dolor y la náusea
y atinabas apenas a pedir por tu casa
por tu madre.
Y yo era omnipotente
pero no me daba a conocer
solo asediaba.
Y así te fui sorprendiendo en trenes
que no llegaban nunca
en aulas demoradas de grises y de estaño
en calles bares y pasillos sórdidos
hoteles y estaciones desoladas
tan propias de tu historia.
Y después fuiste la mujer indecible
olvidada de la propia imagen
fugaz en los espejos cotidianos
malgastada en las vidrieras
siempre torpe
pero hábil también en la ficción
de una vida común
aunque debilitada
una noche
y otra noche
y no sé de qué modo
fuerte otra vez
un día
y otro día.
Pero yo te tomaba algunas veces
de modo inesperado
en un esplendor de agua y árboles inmensos
y un sol que aniquilaba
y te obligaba a huir
bajo el disgusto familiar
las preguntas de tus hijos
las disculpas en voz baja
las miradas
o como aquellas veces en que volvías
literalmente verde
lagarto que ocupaba el lugar de la madre
y ellos no te querían ver
y te arrojabas
a un cuarto oscuro
por horas
mientras te invadían
olas solares
cerebro alucinado
en grandes movimientos
silenciosos de fuego
sin poder representar
más que una inmóvil
parodia de la vida.
Y ahora que la edad arroja sombras
sobre tu cara
y ya rompiste el orden
de los tiempos normales
entendiste por fin
que la noche es el mundo
el real territorio
de las percepciones
y aunque sueñes quimeras
de amaneceres plenos
con la poesía intacta como esa primavera que surge
de unos árboles asombrados
desde las transparencias del invierno llego
ataviada con tu tiempo
y todavía cercana
a la rama florecida de los mitos.
Deidad en el ocaso
tengo las llaves que guardaba tu madre
y expulso otras dolencias
tu territorio es mío.
Lo cierto es que dejaste las mañanas al sueño
que el mediodía es tu primera luz
la que te aleja de mí y te salva de las siestas
porque en las siestas permanezco escondida
yo
tu enfermedad de infancia
tu símbolo
el error inicial
y explicación de todos los errores
la guardiana
la estoica
la enigmática
que se agita todavía
bajo cualquiera de tus versos.
Vasos comunicantes
La siesta deja una forma
ambigua en las almohadas
un rastro que la mente pierde
mientras busca sorprendida la certeza
de cuál es el mundo al que despierta
y cuál el mundo que en un instante
derrumba sus indicios
mientras el soñador ansioso
se vuelve y busca la moneda extraviada.
Variaciones Goldberg
La noche no me suelta
sus dedos
dejan en mi cerebro
un rastro parecido
al gesto de mi amor
y sin embargo paralizan
y clausuran mañanas
de otoño fascinante
cuando el sol de las once
reverbera en senderos
de flores amarillas
atrapadas
por el mismo amarillo
que limita sus formas
a la relativa sombra
donde duermo
en un registro menor de mí.
Antiguo dístico
Siempre que amanece, amanece en Grecia
pero cuando anochece, anochece en la llanura, y hay una lámpara.
***
Dora Battiston Nació en La Pampa, vivió en Buenos Aires parte de la niñez y juventud, estudió en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA y volvió a su provincia. Reside en Santa Rosa, ha enseñado Latín y Literatura Latina Clásica en la Universidad Nacional de La Pampa, de la que es Profesora Consulta. Publicó numerosos textos académicos. Ha estudiado y comentado la literatura de La Pampa a través de sus autores. Escribe lírica y narrativa. Es autora del relato “Historia con esplendor y ocaso”, traducido al inglés y comentado en el Volumen I de Pliegos de traducción (Universidad Nacional de La Pampa, 2011), y de tres libros de poemas: Entre el viento y el humo de la vida (1982), Imágenes (1987) y Relativa sombra (2018).

