Selección de poemas de «Sobrantes», Alejandro Rubio

Obertura

Quiero a una mujer. La enormidad de lo que digo
me alcanza como una bala que me atraviesa
y se pierde más allá del borde de los cultivos y deja
una herida redonda que se cierra ni bien termina
de vibrar en el aire la erre. Quiero a una mujer y me quiero
a mí y entre los dos todo el odio de la generación
se levanta como un ogro lúcido a la entrada de la cueva.
¿Puede una sencilla parte saludable, tocada
por la punta de un ala, elevarse y saltar
por encima de esta avenida de ángeles severos
hacia el encuentro, difícil encuentro que nos prometieron
fácil, con la integridad de una coyunda? ¿O remoto el motivo
el nudo se desata, dos botes se alejan cada
uno por su lado, sobre la superficie lisa del lago
donde la cara brillante de la luna tienta
con su reflejo la vista que guía a la mano?

El viejo sin hijos

Qué más quisiera uno: entrar
al café de siempre, con su polvo
y su espejo biselado, y ver
la mano tendida y oír la voz segura
que en dos notas modula la palabra clave:
hermano. Semejante, prójimo, carne
de la misma carne, la misma duplicada
en el azogue saludándose: sentarse,
pedir una botella, dejar pasar el rato.

La función

Noble fin el de extraer
de la película móvil del tiempo momentos destacados
y grabarlos en superficies a salvo
del trajín civil que aqueja
a las negras muchedumbres. Pero las corrientes
que cuadros o poemas o canciones
embalsan son muy tercas: poco a poco y por puntos estratégicos
perforan, agrietan y desgastan el mejor concreto
y fluyen indómitas y anchurosas como el olvido

Fantasía decadente

Entre pálidas y rosadas nubes que filtran
la temperatura sobrante de altos hornos que sin cesar
humean y compiten sus vapores con las mismas nubes
sólo para volverlas más pálidas, rosadas y patéticas,
entre nubes de algodón y pañal, entonces, entre nubes
donde una mojada melodía trina de gotas y levísimas
variaciones eléctricas, dividir el poder de la mujer
en dos mitades perfectas: por un lado Aurora,
la dulce madre, fuente de todo calor y castos gozos,
musa, vestal y seno chato de la libertad y el progreso,
y por el otro Salomé, asquerosa cloaca de cada baja
satisfacción, pesadas tetas bamboleantes, culo de oca,
anonadando la energía viril con su risa aguda
y despatarrada en el sofá a medias cama del sexo pago.
Así, descendido por un rato, caminar por Corrientes
y preguntarle al portero del edificio más sobrio
por la augusta Aurora. “Acá no vive ninguna Aurora”.
Y salir a la calle bochornosa y preguntarle
al tarjetero del sauna por la infausta Salomé.
“Salomé ya no trabaja”. Es un buen
momento para que se abra la tierra.

Como Bonus track les dejamos este film (ensayo/documental) llamado «Imagen mala» sobre la vida y obra de Alejandro Rubio dirigido por Sebastián Lingiardi en el año 2007, donde se lo vé a Rubio leyendo algunos de sus poemas; algunas imágenes de archivo (de la televisión, del Congreso, de una movilización, de películas norteamericanas); una entrevista al poeta, etc.

Alejandro Rubio: Nació en la ciudad de Buenos Aires en 1967. Publicó: Personajes hablando le a la pared, Música mala, Metal pesado, Prosas cortas. Novela elegiaca en cuatro tomos: tomo uno. Rosario, Foucault, Autobiografía podrida, Falsos pareados. Sobrantes, Harry Samuel Horribly, Diario, La garchofa esmeralda y La enfermedad mental (su obra completa). Colaboró en la revista «Los Inrockuptibles».

Padecía de esquizofrenia paranoide desde los 14 años, falleció en Febrero del 2024.

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