Poemas de Francisco Greene

Poesía

Francisco Greene

Trébol — selección

Extrañamiento

Ante nada eres
una manera invisible a tu mirada
un tono
tácito,
un cuerpo que actúa
una idea de ti mismo
una voz
cierta presencia de cierta voz
que respira y se sostiene
ante la mirada impasible de la multitud
que no son más que un par de amigos íntimos
y alguna enamorada
falta de lectura.
Desde este asombro, creo
no ser el que me dicen soy
a no ser que sea otro.

El espejo anterior

Ya que lo poco que somos queda
y todo suceder pasa,
va y viene según la música de la fortuna
(una marcha fúnebre o un carnaval
de luces por la noche)
vuelvo a mirar en el espejo anterior
y recorro el camino de mi rostro,
pienso en mi padre y en su madre
y en la mujer que ya no está,
pienso en el instante en que somos
y su memoria aún no escrita.
Animal ligeramente lúdico
y sin tapujos
en decir lo que piensa,
no intento convencer a nadie
apenas dar vuelta la página
permanecer fiel a mí mismo,
ya no quiero rajarme
solo resistir este aguacero
rehacerme
desde lo verde de esos años
tal vez perdidos,
redimir mi pequeña tragedia chilensis
probar que la semilla
no ha desaparecido
que lo maravilloso deviene todavía:
afirmar sin traicionarme
quizás lo único cierto
que hasta aquíhemos sobrevivido.

Metamorfosis del viaje

De un punto determinado no hay regreso.
Este punto puede ser alcanzado.Franz Kafka
Fueron inciertos los viajes
todo comienzo un azar
una manera de desperezar la pupila
aminorar esa brecha fluctuante
de los todavía y los por qué.
Creíste que los viajes te abrirían la puerta,
esa obsesión tuya de andar abriendo puertas
hacia fuera y hasta adentro.
Solemne ritual de nómada encubierto
sonreías tomando el whisky de cada víspera:
estrujando las horas quietas
garabateando epifanías
impresiones fuera de lugar
ensoñando qué harías una vez en casa
ese lugar que nunca has sabido dónde.
Fueron inciertos los viajes
un afán salpicado de paradas absurdas
subido en viejos ferrocarriles de montaña
al oeste del Brasil populoso y musical
o pasando por la ruta del escocés volador
camino a Edimburgo,
intentabas leer el Ulises
soñabas con ir finalmente a Irlanda,
parecías el Che Guevara llegando a Londres,
no sé cómo te dejaron entrar a la isla
quizás porque venías de Roma, la lunática
y te hacías pasar por periodista.
Mis ideas rielan en otros paisajes
veo la planicie desierta
desde Real de Catorce,
una ráfaga de perfil bajo cielo abierto
a través del México desatado:
amor prohibido en la calle Insurgentes,
color a buganvilias y fresas frescas
a campanadas
porque ahí comenzó el asunto
(tampoco yo lo sabía entonces)
si gustan
en su biblioteca podrán verificarlo,
San Miguel de Allende.
Pero siempre volver al Chile nortino
ese paisaje extremo desencadenó tus pasos
Bahía Cisne o Puerto Viejo,
costa cactácea pariendo visiones
y el marítimo vuelo en ve de los pelícanos
te despertó de golpe demasiado temprano.
Pan de Azúcar o el desierto de Atacama
ahí conociste al mago de Toconao
o el Anthony Quinn chileno,
qué de maravillas hablaba ese hombre
su locura era solo un señuelo
y tenía el don de escuchar detrás de las palabras.
De aquel tiempo reaccionó un cambio de piel
a costa de caminar sobre raíces,
en días de brújulas febriles
vislumbré herraduras reales
y tarareando canciones ebrias
en el desamparo de la despedida
escuchaba, me decían:
no te aferres
no desesperes
eres antiguo
misterioso como los alerces.
¿Pero a qué volviste de tu viaje solitario?
¿Para qué desandar pasos hasta tu isla?
¿Qué buscabas en esos márgenes de la experiencia?
No es,
no es la rapidez la que ritma mis días
sino cierta relación imponderable
abstraída en un sinfín de extraños presagios
que me anticipan sin reposo.
Circulando por las calles de mi ciudad
vía metro o micro,
veo que nada es como embarcarse a diario
a través del extasiado viaje inmóvil
que desveló nuestras veces más brillantes.
Lo cierto
es que se busca aquello que ya se tiene
por eso solo supe del milagro
cuando ya no buscaba,
cuando había dejado de buscar.

Punto cero

Nunca has pensado lo suficiente
en la risible calavera que eres
pero solo bastó una coartada para partir
a buscar la tumba de César Vallejo,
en Montparnasse
una mañana que apenas llovía.
Creíste que tendrías todo el tiempo
pero lo vivido hace y deshace,
ahora que lo sabes te retiras
te sumerges en el barrio de La Reyna
(el afuera neutralizado en un acto al vacío)
y ha sido largo el camino
ha sido corto mirado desde aquí,
ahora no hay prisa por llegar
ni urgencia en la experiencia.
Aguardo la constatación
de lo real
cernido tras la memoria del trébol
observo de reojo
sabiéndome observado
(cesan las voces en mi oído)
un parpadeo
y estaré al otro lado
un respiro
y estaré al otro lado.
Traspasada la puerta
constatamos paraísos en lo único
lo que estuvo (siempre) y no vimos,
focalizados como estábamos
en la inmensidad del paisaje.

Corazón blanco

Inmóvil,
ardiendo en hielo
rebosante
de paciencia.
Solo
mientras observo, impasible
a esos valientes que se precipitan.
El resto es suerte,
algo que se tiene
o no se tiene.

Réquiem del sobreviviente

Sobreviviente hasta este minuto
en tenues clarividencias
vivo todavía la aventura
cuando ese que soy a veces
da con el mando de la nave
y algo que es lo sublime en nosotros
surge irrefutable ante el peligro
desencadenando una nueva oportunidad
en alguna audacia de último respiro
así el final redima lo tantas veces errado
y el juego se digne a empezar otra vez.
La aventura cuenta sus bajas:
aquellos que la resaca escupió en la arena
de una playa sin norte,
azotados espíritus caídos
contra el despeñadero indesmentible:
los que pudieron ser lo que no fueron
los que nunca supieron
los que no llegaron ni partieron
los que fueron demasiado lejos
o esos otros obedientes convertidos
en aquello que negaban a muerte
(a imagen y semejanza de sus padres)
los que renunciaron a primera hora
los que creyéndose el cuento de alguien
hipotecaron hasta nuevo aviso sus sueños,
los muertos muertos y los vivos muertos:
la aventura canta sus bajas.

Carta a la mujer precisa

En la hora sagrada
muy cerca de medianoche
al volver a mi caverna,
cuando la ciudad es
silencio y distancia
te imagino.
Nadie sabe de ti
nadie te ha visto,
estás en la memoria de las mujeres que amé
en el gesto casual de una desconocida
en lo fugaz de una mirada al pasar,
estás en lo prohibido
lo que no hay que tocar:
en un nombre
apenas pronunciado
y eres en los arcanos de mi ensueño
la consecuencia inevitable de todos mis actos.
Apago mis luces
detenido en la ruta circunspecta
lunatizado en mis pies de tierra
la noche se raja y los pájaros
dejan ver su horizonte amarillo
y quisiera preguntarte dónde naciste
en qué húmeda matriz
bajo qué bandera de estrellas
hecha desde qué fuego
desde qué cenicientas mutaciones.
La mariposa nocturna sigue ahí
como si no estuviera
inmóvil y adherida
como si no estuviera.

Dirección obligada

Cuesta tanto viaje despertarse
otra vez estar en uno
demasiada agua
la aventura
que va desde una hamaca tendida en Oaxaca
hasta esta torre lluviosa en un Londres
donde todo despega
(de la cantina mexicana al pub inglés
las preguntas son las mismas
y la sed no cesa)
el hombre, ya harto de andar en círculos
de vuelta de todos los viajes
ya no sabe qué pensar
y el ser vivo que despierta
tampoco sabe qué creer
confundido entre estas pruebas insufribles
y estas otras puertas milagrosas
a un paso de abordar la gloria
redimirse
(a última hora)
y saltar

Biografía

Francisco Greene (Santiago de Chile, 1972). Autor, guionista y creador de contenidos audiovisuales. Algunos de sus trabajos incluyen las series documentales: Inmigrantes (2018) y Geopoética (2026). Publica una reedición de su temprana obra poética: Trébol (2023), gracias al apoyo del Fondo del Libro y la Lectura. 17 segundos (2024), su segundo libro, integra escritura de haikus y prosa poética. Coautor de una novela gráfica sobre la primera vuelta al mundo: Pigafetta (2022), editada en España, Francia y Chile. Ha vivido y caminado en las ciudades de Santiago, Valparaíso y Vancouver. Actualmente está radicado en Araucanía, al sur de Chile.

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