«Castillo» (cuento), de Martín Alejandro Ortiz Quintero

Cuando baja del auto, el detective Castillo ve a su compañera, Noelia Galván, parada en la entrada de la casa donde ocurrió el crimen. Durante unos segundos, la mira fijo. Luego pasa por debajo de las cintas amarillas; el comisario lo intercepta. 

—¿Castillo, qué hace acá? —pregunta.

—Mi trabajo, comisario 

—Ya hablamos de esto, Castillo, mientras esté de licenci… 

—Qué licencia ni licencia, hay un tipo suelto matando canas. Mire si me voy a quedar de brazos cruzados. 

El comisario suspira y lo mira a los ojos. 

—Vaya a su casa, Castillo —le da unas palmadas en el hombro—. Pase tiempo con su esposa. 

Un par de uniformados se acercan; el comisario, con un gesto, le indica a Castillo que vuelva al auto. Castillo aprieta los puños pero, antes de reaccionar, ve a su compañera parada en un pasillo entre la casa donde había ocurrido el crimen y la de al lado. 

—Voy a… Tomar un poco de aire —dice. 

El comisario baja la mirada y da media vuelta. 

Castillo, en cada paso que da, mira para todos lados. En el pasillo, su compañera está de cuclillas bajo una ventana. 

—Escuchá —dice Galván, y señala la ventana encima de su cabeza. 

Castillo hace silencio y estira el cuello; escucha voces. El detective Benavídez y sus colegas relevan la escena del crimen. 

—… un tirador solo, entró de noche… 

—… balazos por todos lados, las paredes no aguantan una más…  

—… está loco… 

—…la mataron igual que al resto —dice el detective Benavídez—, pobre mina…

—¿Igual que el resto? —dice Castillo entre dientes—, no… Hay algo más. 

—… ah, y hay algo más… —dice uno de los detectives 

Castillo mira a su compañera. 

—Te dije, Galván —susurra. 

—Por primera vez, tenemos una testigo —sigue el comisario—. Alguien vio al asesino salir de la casa. 

—Yo sabía que no era un fantasma. 

—La señora de enfrente llamó a la policía. Nadie habló con ella todavía. 

Castillo voltea para mirar a Galván. No está. Entonces, sale del pasillo. Galván ya está en la casa de enfrente, parada al lado del timbre. Castillo mira a los uniformados que custodian la escena; uno arregla la cinta, el otro se ata los borceguíes.  

Castillo cruza la calle. 

—¿Tocaste timbre? —le pregunta a Galván. 

—No, no, te estaba esperando. 

Castillo toca. Una señora mayor se asoma por la cortina. 

—¿Sí? —pregunta con voz frágil 

—Señora, venimos a hacerle unas preguntas sobre lo sucedido ayer por la noche… Tenemos entendido que usted llamó a la policía. 

—Si, si… Pero, ¿usted quién es? 

—Disculpe, señora —Castillo sonríe, saca la placa del interior de su campera y la muestra—. Soy el detective Raúl Castillo y ella es mi compañera Noelia Galván. 

La señora titubea. 

—Señora, ¿podría contarnos que vio, que escuchó ayer por la noche? Cualquier detalle que recuerde, sería de gran ayuda. 

—Sí… Sí —la señora aclara su garganta—. Llamé al 911 porque escuché tiros. Cuando me asomé, había un tipo en moto en mitad de la calle. Después de los tiros, salió otro de la casa, se subió con el primero a la moto y se fueron. 

—¿Qué tipo de moto? —pregunta Galván 

La señora no contesta. 

—¿Podría contestar, señora? —insiste Castillo.

—¿Perdone? 

—La detective preguntó qué tipo de moto. 

—¿Quién? 

—Señora, la moto: ¿Era grande, era chica, era de carrera? 

—Era, era… era azul, de esas que tienen como un piso, donde se apoyan los pies. 

—¿Un scooter? 

—Sí, puede ser. 

—¿Algo más? 

La señora niega con la cabeza. 

Castillo saluda con un gesto de mano, da media vuelta. Galván lo espera apoyada en el capot del auto. 

—¿Esa es la testigo de Benavídez? —pregunta Castillo—. Vio dos tipos en moto nada más. 

—La moto era choreada, Castillo —dice Galván.

—Seguro.

—Lo más probable es que ya la haya descartado. 

Castillo se da cuenta que los uniformados lo miran. Deja de hablar y se sube al auto.  

—El turco debe saber algo —dice Castillo y arranca. 

Luego de cuarenta minutos por el camino de tierra debajo de la autopista, Castillo llega al desarmadero. El turco acaricia a uno de sus perros. Cuando ve llegar el auto, se levanta. 

—¿De nuevo vos, Castillo? —pregunta, molesto. 

—Mirá, turco, estoy buscando un scooter azul, afanado y descartado en las últimas doce horas. 

—Le dije que anote, detective —el turco ríe.  

Castillo no contesta, lo mira fijo. 

El turco frunce el ceño. 

—¿En serio me dice? 

—Turco, no estoy jodiendo —Castillo abre la campera; muestra su revólver. 

El turco levanta las manos y asiente con la cabeza. Voltea y va a su oficina; sus perros lo siguen. Castillo mira hacia un lado; ve esqueletos mecánicos de autos apilados; mira para el otro, ve a Galván; con una seña, le pide que la siga. Castillo camina atrás de ella hasta una pila de motos sin ruedas; ve cómo Galván se agacha y mete la mano en un hueco entre dos manubrios. Cuando la saca, su brazo está lleno de sangre. Entonces Castillo empieza a sacar las motos de la pila, una por una, de manera frenética. Cuando saca todas, mira hacia abajo. Solo ve tierra y aceite. 

—¿Y la sangre, Galván? 

—¿No la viste, Castillo?  

—Sí la vi, pero… 

En ese momento, el turco se acerca con un papel en alto. 

—Detective —lo llama; Castillo se sobresalta—, ¿con quién habla? 

—Dejá de hacerte el boludo, turco y dame la información. 

—Acá está todo anotadito —dice con tono sarcástico—, número de chasis y de motor. La tengo guardada por si la necesita otra vez.

El turco ríe. 

Castillo le saca el papel de la mano; mira a su lado, Galván no está. Entonces, camina hacia el auto. Cuando entra, está sentada en el asiento del acompañante. Castillo saca el teléfono y llama al comisario. 

—Comisario, tengo informaci… 

—Castillo, por favor, ya hablamos de esto. 

—Pero escúcheme, comisario, tengo el número de chasis y de motor de la moto en la qu…

—Basta, Castillo, por favor… 

—Comisario, escúcheme, con estos datos podemos rastrear al dueño original de la moto… 

—Sí, ya sé… Ver dónde se la robaron, buscar cámaras, identificar al ladrón y seguirlo hasta el asesino, ¿no? 

—Sí… Sí, pero, ¿cómo sabe? 

Silencio. 

—Como le dije, Castillo… Ya hablamos de esto. Hace un mes que venimos haciendo esto…

—Comisario, no entiendo. 

—Mire, Castillo, a todos nos afectó el asesinato de Galván. Era una gran persona. Y usted… Solo puedo imaginarme cómo la habrá pasado…

La voz del comisario se aleja. Castillo mira el asiento del acompañante, ve a Galván. Sacude la cabeza; sus ojos se llenan de lágrimas. Se los tapa con una mano. Y respira. Saca la mano, mira. Galván no está. 

Poco a poco, regresa a su cabeza la voz del comisario. 

—…por eso es importante que siga los consejos del psiquiatra, vaya a su casa, cumpla con la licencia Perdón, comisario… 

—No pasa nada, Castillo. Es difícil para todos. 

—Perdón, comisario, pero… ¿Qué dijo de Galván? ¿Le pasó algo? 

Al otro lado de la línea, un suspiro. 

—¿Dónde está, Castillo? Ahora, en este momento, ¿dónde está? 

—¿Qué le pasó a Galván? ¿¡Qué le pasó a Galván!? 

—Dígame donde está, Cast… 

Castillo corta la llamada. Marca el número de Galván. 

—Atendé, atendé… —dice entre dientes. Pero solo escucha el tono.

Marca de nuevo, nada. Entonces, revolea el teléfono y pisa el acelerador. Sale de debajo de la autopista, se mete en la avenida; pasa en rojo. Castillo saca la cabeza por la ventanilla y pide, a los gritos, que se corran. Toca bocina. Un colectivo clava los frenos;  una moto azul pierde el control, y derrapa por el asfalto. 

—Aguantá, Noelia —repite como un mantra; le pega al volante—, aguantá, ya llego. 

Apenas ve el patrullero vacío estacionado en la esquina, Castillo dobla, las ruedas chillan, siente el golpe abajo cuando entra a la calle de tierra y baja la velocidad hasta frenar por completo frente a una casa con los vidrios rotos, envuelta en cintas negras y amarillas. Respira, abre la puerta. 

Cuando baja del auto, el detective Castillo ve a su compañera, Noelia Galván, parada en la entrada de la casa donde ocurrió el crimen. Durante unos segundos, la mira fijo. Luego pasa por debajo de las cintas amarillas; el cabo Acevedo lo intercepta.

Este cuento recibió una mención honorífica en nuestro Concurso de cuento argentino 2025.

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