PARA OLVIDAR
caigo
como la luna sobre la nieve.
Conozco aquella alegría
la he mirado despacio.
*
INSTANTÁNEA
Me gusta el silencio de las frutas
una pausa
en lo inevitable de la noche.
El tiempo tiene el aroma de las palabras quietas.
*
CONTRAPUNTO
Lo primero en irse son las gotas de lluvia
y las palabras sobre el río
pero
una tumba bañada por el sol
es de una soledad abrumadora.
*
A TIENTAS
El poema debiera decir algo
con una oralidad constante
como efecto secundario.
Este simulacro yace
a manera de sentencia:
no hay engaño más creíble
que ver pasar el tiempo
entre los escombros.
*
COMO UNA GRAN MÁQUINA
esa continuidad de la palabra detrás de la palabra.
La primera fue dolor
no me animé a escribirla.
La segunda fue distancia.
Quisiera tener el alma lentísima de quien espera.

COSTUMBRE
Voy hacia los platos sucios
con su olor a grasa de carne recién comida
dejo entrar los restos de fideos y de miga de pan
por los agujeros de la nariz
a eso llamo yo caos incipiente.
Las cosas nos miran en silencio
ordeno estantes y cajones.
La gota se precipita de la canilla a la fuente,
de la fuente al desagüe,
del desagüe no sé a dónde,
suena como filo cayendo sobre el ojo,
suena como filo,
como filo,
sangra como ojo,
hasta la carne pegada a los huesos.
Una mesa, la silla de siempre, una pava
el cuadro de Monet, la maceta colgando en la ventana
la hornalla, la comida recalentada, un plato roto,
una cuchara
un cuaderno azul y sobre él una naranja
la mesa de luz, los santos, el rosario
los libros de cocina, una galletita
la luz prendida,
un hilo colgando de esa remera todavía
un cinturón de cuero, la pila de ropa, los mocasines.
Todo en sucesión tranquila por los rincones de la casa.
Una parte del mundo se nombra sola
entre tantas cosas
fragmentos de las cosas
que al nombrarse se deshacen como polvo.
Una mosca vuela sobre los cacharros
como mendigo devora
lo demasiado pobre
lo demasiado insano
y las paredes observan, desde abajo,
como un soldado cuerpo a tierra
en la única guerra que puede darse por perdida.
*
HAY UN PAIS EN LA COCINA
entre cebollas y perejil fresco
hay una orilla de aromas
traída por lluvias de agosto y un río
con peces aceituna
sobre el pan caliente.
Suelo andar perdiéndome
en mi país de vapores y semillas
y así
descalza
recorro el suelo tibio
de laurel y margaritas.
En los huecos del silencio
deambula
una neblina
mordiendo desde adentro
como una soledad de trago solo.
Junto al dolor de la cocina
humea mi corazón de sopa
y llegando el mediodía
como una golondrina hambrienta
mi paladar gorjea una tonada.
Voy al centro de mi cuerpo
y me hallo niña zanahoria
con voz suave de anís.
Cuando el tiempo vuelve
recuerdo el sabor que tuvo el vino
y las tostadas y el aire y el ruido de los huesos por la tarde.
Devoro los fantasmas
y la cocina es un país
desahogándome.
Cecilia Pontorno (La Plata, Argentina, 1979). Poeta, maestra, profesora de Psicología. Coordina talleres de poesía. Participó en antologías nacionales e internacionales, colaboró en blogs, revistas digitales y segmentos radiales de difusión poética. Mención de honor en el Concurso Internacional Hespérides (Poesía) por La mirada es un lugar (2020). Publicó los poemarios La hora suspendida (Ediciones Hespérides, 2021) e Inventario del tiempo (Prueba de Galera Editoras, 2022). Algunos de sus poemas fueron traducidos al francés y la Universidad Nacional Autónoma de México publicó una selección de sus escritos en el Periódico de Poesía (2022). Su último libro se encuentra catalogado en la Biblioteca de la Freie Universität Berlin y en el Instituto Ibero-Americano de Patrimonio Cultural Prusiano de Berlín, Alemania. Su tercer poemario, Morfina para los muertos, se encuentra en edición bajo la convocatoria de El Andamio Ediciones. Una selección de poemas inéditos aparece en Gambito de papel número 18, edición consagrada a la literatura argentina contemporánea.

