Como nuestros lectores bien saben, no solemos publicar a autores «canónicos» porque se puede encontrar su obra fácilmente en cualquier sitio web. Más bien, nos enfocamos en esos autores que quedaron un poquito relegados; o en aquellos que aparecen pero escapan del reflector; o, por medio de traducciones, en algunos casos traemos a los que hicieron su notable camino literario y vuelven a ser relevantes.
En este caso, queremos compartirles algunos poemas del argentino Juan Gelman, de su poemario «Amaramara», si se quiere, una rareza, un libro que el autor le dedicó a Mara Lamadrid, que lo acompañó en los últimos 25 años de su vida.
Lados
La idea se escapa, no quiere
la grasa de las palabras, ni
un espejo vano. Se parece a
tu cuerpo entre los árboles
de la calle Atlixco
un lado al otro del viento.
Viene y suspende
la pérdida, corta
los desabrigos, saca
día de mi rincón, no repite rostros,
nombra en silencio
los animales del azar.
La conversación
En la jaula del pensamiento no cabe
el amor que no dan.
La mentira cubre el planeta. Hay
visitas que no llegan
y parientes prestados. Una hija
aniquila a su padre,
un tenor canta La Traviata.
La voz se recuesta en la sangre
como existir bajo el sol. Pasa
el poder vestido de célebres venenos.
Del otro lado estamos tristes,
con furias dudosas, tristes, y
amores llenos y vacíos que
marchita la indignación. ¿Eso
explica la prosa del mundo?
A veces ceso totalmente y se abren
los pedacitos del amanecer
en un rincón de la lengua.
Cábalas
A ver si la húmeda yerba
te deshace de furias
con un silbo de paso. Los rostros
que supieron y callaron
noticias del horror,
tan alimento de sí mismos,
reman en aguas secas.
Tienen sabor a hueso, usan
almas prestadas, parecen
restos cansados de la indignidad.
Detrás de su agonía
hay un dedo que nunca se levanta.
Se comen los guiñapos
de su reloj central.
Flores
En las esperas del aguante
crecen margaritas cada vez
más pálidas. Recuerdos
de su belleza, pan
en la mesa que borra su nombre.
Nunca se dejan perseguir. El vidrio
donde bebían sol
se convirtió en un acto
solo. Se fueron de la boca
que nombraba su aroma.
El tiempo
se las llevó, ya bárbaro.
De todos los mundos posibles
no hay uno sin el negro
apague de la espuma o la
neblina de palabras rotas.
No ser sabe
Ese cantar casi río que
cunde cuando
la ventana se asoma a vos
con las tardes altas en la mano y
sabe de ti más que yo/esa
espiral que va
de vos en vos y entiende
el silabario de la pérdida
en el revés del ser/ese asiento
donde nadie se sienta y no
contesta otra pregunta que
lo que no se puede hacer /oh, bella
siempre nueva
entre animales del dolor/
entre abrís las palabras
para ver qué callaron.
Razones
Hay continentes tristes,
escuelas, talleres, cuarteles.
Las cosas tienen aspecto de
amistad mutilada y el amor
desea una verdad.
¿De qué le sirven ciencias que
le ladran la puerta que no tiene?
La luna en lunas del ropero
se liberó del cielo y
despierta entendimientos de lo amado.
La noche pasa como
nave lejana con dedos
que tocan sustancias íntimas.
Los movimientos del estar
nos preguntan qué ser.
Juan Gelman nació en Buenos Aires el 3 de mayo de 1930 y murió en la Ciudad de México el 14 de enero de 2014. Poeta, ensayista, periodista y traductor. Salió de Argentina en 1975 durante la dictadura militar y vivió exiliado en distintos países; finalmente fijó su residencia en México. Miembro fundador del grupo de poesía “El pan duro”. Fue secretario de redacción de la revista Panorama; redactor de Nuestra Palabra y el diario La Hora; secretario de redacción y director del suplemento cultural del diario La opinión (hasta 1973); secretario de redacción de la revista Crisis (hasta 1974); jefe de redacción del diario Noticias, órgano oficioso de Montoneros. Colaboró en revistas, suplementos y diarios como Análisis, La Jornada Semanal, Los libros, Muchachos, Nueva Expresión, Página/12, Rojo y Negro. Fue traductor en la UNESCO. Recibió una cantidad exhorbitante de premios, condecoraciones y menciones, entre los que cabría destacar el Premio Nacional de Poesía 1997 en Argentina, el Premio Juan Rulfo de Literatura Latinoamericana y del Caribe 2000, el Premio de Poesía José Lezama Lima de la Casa de las Américas 2003 por Pesar todo, el Premio a la mejor obra de creación literaria 2004, en Argentina, por País que fue será, el Premio Iberoamericano de Poesía Ramón López Velarde 2004, el Premio de la Feria del Libro de Buenos Aires 2005, el Premio Iberoamericano Pablo Neruda 2005, el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2005, entre otros.

