Paris, Canet de Mar, Turdera y una misma muerte inexorable
En esto de escribir, por mucho que uno trate de mantenerse en el camino principal, algunos desvíos laterales son una tentación difícil de resistir. Voy a vagar por uno de estos desvíos. Si el lector me sigue acompañando, me alegraré.
Herman Melville
Hecho preliminar: La Plata, verano de 2003
Hace algunos días, mientras revisaba la biblioteca de mi abuelo, encontré un ejemplar de La intrusa. Lo hojeé sin saber que se trataba de la primera publicación del cuento antes de formar parte de El informe de Brodie o de The Aleph and other stories 1933-1969. Es una edición acotada realizada por el bibliófilo Gustavo Fillol Day. El ejemplar está fechado 20 de abril de 1966. Lleva el número 27 en tinta manuscrita y está acompañado por la firma del editor. En la primera página en blanco, hay una dedicatoria a mi abuelo. A continuación, la transcribo:
Querido Roberto:
Ignoro qué años pasaron. De París a Canet hay la misma distancia que a Turdera. Hoy todo nos resulta perezosamente lejano. Nuestro amigo Nicolás nos dejó su ausencia, hubiese querido compartirlo con él, también. Debo la resolución final a una revelación de mi madre. No hago mal (estimo que usted estará de acuerdo) en dedicar la historia que sigue al recuerdo de una desconocida Anna.
Cordialmente suyo,
Jorge Luis Borges
Culmina con la firma ológrafa de Borges. La caligrafía, presumo, corresponde a Leonor Acevedo, su madre. Encontré, al hojearlo, que son variadas las intervenciones de mi abuelo en el texto y en los márgenes: Debajo del epígrafe «2 Samuel 1:26», agregó: 2 Reyes, I, 26. Varios subrayados remiten a la marginalia: «Santiago» a Ulises, «Turdera» a París/Canet de Mar, «Nilsen» a Iberra/hermanos catalanes y «Juliana» a Lola… Anna.
Entre las hojas finales, hay un cable periodístico y el recorte de un diario. El primero, cuyo membrete corresponde a L’Univers et le Monde de París, contiene dos apartados: «Un drame passionnel à Paris», del 19 de septiembre de 1926 y «Préhistoire du crime», del 14 de marzo de 1924. El artículo del diario corresponde a la página 13 de la quinta tirada del diario Crítica de Buenos Aires, del 3 de octubre de 1926 y lleva por título «Una historia de amor, de locura y de muerte en París».
A la Muerte le gusta, súbitamente, que le hablen en francés.
Manuel Mujica Lainez
Primera muerte: París, septiembre de 1926
Un drama pasional en París.— Un sangriento drama ocurrió en el Hôtel de Hollande, y tuvo como protagonistas a la famosa bailarina del Marinsky de San Petersburgo, la señorita Anna Ladowska, y a dos hermanos, los príncipes Michel y Alexandre Daniloff. La pasión fatal que unía al triángulo amoroso alcanzó un paroxismo de locura. Alexandre resolvió matar y morir. En la mañana de ayer, irrumpió en la habitación de la bailarina y, sin pronunciar palabra, disparó cinco tiros. Cuatro balas alcanzaron a la mujer en el pecho. Luego, volviendo el arma contra sí, Alexandre se voló los sesos. La policía estableció que el crimen fue cometido con un revólver de gran calibre y sospecha que Michel había abandonado el hotel minutos antes de los hechos. El gesto del príncipe Alexandre pone un horrible final a esta oscura historia de amor y celos fraternales.
Prehistoria del crimen. París, 14 de marzo de 1924. — Un lance de honor ha enfrentado esta madrugada, en el Pré-Catelan del Bois de Boulogne, a dos hermanos: los príncipes Michel y Alexandre Daniloff. Según el acta de los padrinos, el motivo fue la señorita Anna Ladowska, bailarina del Teatro Marinsky. El duelo a espada tuvo lugar a las seis y media, con luz escasa y frío. Junto a los padrinos, el doctor Paul Dupont certificó las condiciones del combate. Al tercer asalto, el príncipe Alexandre recibió una estocada en el costado derecho que le atravesó el músculo intercostal. Cayó y fue trasladado en su H6B a su domicilio. El doctor Dupont calificó la herida de grave, aunque sin riesgo. La Prefectura, avisada por un guardabosques, se presentó en el lugar, pero no se practicaron detenciones, por tratarse de un «asunto de honor arreglado conforme a las reglas».
Una historia de amor, de locura y de muerte en París.— Un drama de sangre y de alcoba ha teñido de luto al Hôtel de Hollande. El príncipe Alexandre Daniloff, de la nobleza rusa, ingresó a las diez de la mañana en la habitación de la bailarina Anna Ladowska y sin mediar palabra le propinó cuatro tiros de revólver que le atravesaron el pecho y la dejaron tendida. Acto seguido, el mismo agresor se apoyó el cañón contra la sien y se voló la tapa de los sesos. La Ladowska, de extraordinaria hermosura y muy celebrada en los teatros de Europa, paga así su coquetería fatal. Los Daniloff habían llamado la atención de la prensa parisina en marzo de 1924, circunstancia en la que se batieron a duelo de espadas por los favores de la misma bailarina y en la que el menor llevó la peor parte: una estocada bajo la tetilla derecha. La Prefectura parisina se había limitado a anotar el hecho como «asunto de honor». // G. G. G.
Que el hermano ayude al hermano.
Platón
Segunda muerte: Canet de Mar, septiembre de 1933
En la redacción de Crítica, Ulises le acerca a Borges la noticia sobre los dos hermanos enamorados de una misma mujer, y su asesinato. Le dice que hay una historia para contar y le propone adaptarla para el semanario que dirigen. Le recuerda la consigna del Trompa Botana: «Un veinte por ciento de verdad para dar base a la nota es suficiente» (Petit de Murat, 2019).
Por la tarde, en un paseo por el bajo, Borges comenta los detalles de la noticia a sus amigos don Roberto Gatto y don Nicolás Paredes. Roberto le dice que podría ser la letra de una milonga a la vieja usanza. Paredes reniega del nuevo tango, primero, y luego, les dice que la noticia es una tontería. Pregunta si es cierto que el fulano se suicidó y, respondido, agrega con ironía: «Cualquier hombre que piense cinco minutos seguidos en una mujer no es un hombre; es un maricón. El amor no gobierna, la verdadera pasión es la amistad» (Alifano, 1988, p. 161).
Unos días más tarde, Borges le entrega a Andrés Guevara, dibujante, un borrador dactilografiado y le pide que haga una ilustración y que, si gusta, lo firme como propio. Él acepta, aunque luego de leerlo, decide desentenderse de la autoría. Durante la edición, Ulises atiende al pedido, deja el «Andrés» y cambia el apellido del ilustrador por «Corthis», el seudónimo de una escritora francesa de moda en aquel entonces.
El 21 de octubre de 1933 se publica «Hermanos enemigos» en la Revista Multicolor de los Sábados. El relato demuestra algunas variantes con relación a la historia parisina: La acción se traslada de París a Canet de Mar. Los hermanos pasan de nobles a campesinos. Anna, la bailarina, ahora es Lola: una esposa fugitiva dedicada a labores domésticas. Acaso por la recomendación de Paredes, los hermanos, al reconocerse enamorados de la misma mujer, resuelven que es ella quien debe irse. Sin embargo, se traicionan y se turnan para obtener los favores físicos de Lola hasta que coinciden en día y horario. Unidos por el odio, la matan de una manera atroz: incendian la cabaña con ella adentro. Se tapan los oídos para no escuchar los gritos de Lola mientras huyen hacia la colina. No hay suicidio alguno.
Pasan cosas que son como preguntas. Pasa un minuto o años, entonces la vida responde.
Alessandro Baricco
Tercera muerte: Turdera, abril de 1966
El 26 de abril de 1967 Borges se encuentra con el hijo de Rojas Paz (dibujante de Crítica) y por la tarde le comenta a Bioy algo sobre «La intrusa»: «He querido hacer un cuento de Kipling. No como los últimos; ya me he convencido de que no soy capaz de hacerlos; como los primeros, los Plain Tales from the Hills». (Bioy Casares, 2006, p. 1169). Borges ha consolidado su estilo. Ha perfeccionado el oficio de escritor, sabe que la imprecisión de un dato aleatorio valida el resto, que eludir las palabras intrincadas hace fluir la trama. Es un escritor que busca la sencillez. Dice Borges (1970) sobre «La intrusa»: «A partir de este conjunto de ideas bastante abstractas, desarrollé mi historia. La situé en un pueblo casi anónimo al sur de Buenos Aires, hace más de setenta años, para que nadie pudiera cuestionar los detalles» (p. 202). Luego añade que los hizo hermanos para evitar implicaciones desagradables. Y confirma que la línea final de Cristian «A trabajar, hermano […]. Hoy la maté» (Borges, 1998, p. 18) le pertenece a su madre.
Borges nunca precisó cuál fue ese conjunto de ideas bastante abstractas que le dictaron la historia. Pero podemos sospechar de qué estaba compuesto y con qué elementos de su escritura los amalgamó: la voz de un cronista que duda de los detalles, como el origen de la historia; la relación de amor y odio entre dos hermanos, como una alegoría del doble; la incursión de alguien que al interceder en una relación encuentra su destino trágico, como Lola o Juliana; o el hecho de alejar la historia en tiempo y espacio para permitir las imprecisiones. También podemos imaginar un pacto con el lector que valide su técnica del anacronismo deliberado y de las atribuciones erróneas. Borges es, necesariamente, precursor de Borges.
Epílogo
Infinidad de veces mi abuelo habló de su breve tiempo en Crítica componiendo páginas. Allí conoció a Borges, el poeta, el ensayista; antes de ser Borges, el narrador, el conferencista, el otro. Las veces que Borges visitó el Infierno (así le llamaban al taller de composición en el subsuelo del edificio de Avenida de Mayo 1333) le valieron para practicar una amistad que duró lo que duró la Revista Multicolor de los Sábados más algunos ecos. Recuerda que compartió unos viajes en tren a La Plata. Borges visitaba a Elsa Astete Millán. En cierta ocasión, caminábamos por la ciudad de las diagonales y me señaló, en el frente de una casa, un banco de piedra color manteca. Me comentó: «Allí, un día, él le confesó su amor y ella lo rechazó. Cuando volvíamos en el tren, Borges resumió lo sucedido con estas palabras: “Lo que le sucede a un hombre, le sucede a todos los hombres”».
Roberto Gatto (n.)
La Plata, otoño de 2003
Bibliografía
Alifano, Roberto (1988). Borges, biografía verbal. Barcelona: Plaza & Janes.
Bibliothèque Nationale de France. (2026). Gallica: Presse et revues. París: BNF. Consultado el 12 de mayo de 2026 en https://gallica.bnf.fr
Bioy Casares, Adolfo. (2006). Borges. Madrid: Destino.
Borges, Jorge Luis. (1970). The aleph and other stories 1933-1969 [El Aleph y otros cuentos]. Boston: E. P. Dutton & Co.
Borges, Jorge Luis. (1998 [1970]). «La intrusa». El informe de Brodie. Madrid: Alianza editorial.
Corthis, Andrés. (21 de octubre de 1933). Hermanos enemigos. Revista Multicolor de los Sábados, Año 1(11), 8. Buenos Aires: Crítica.
Petit de Murat, Ulyses. (2019). Borges Buenos Aires. Buenos Aires: Sudamericana.
Sobre el autor
Gonzalo López Martínez. Nació en Mendoza, aunque Puerto Madryn fue su patria. Es bibliotecario, corrector de textos y cicloturista. Ha presentado trabajos sobre legislación de bibliotecas escolares argentinas en foros nacionales e internacionales. Ha publicado artículos derivados de una investigación acerca de los seudónimos atribuidos post mortem a Jorge Luis Borges. Actualmente, estudia el vínculo de Borges con la ciudad de La Plata, en la que reside. Escribe y pedalea cada vez que puede.
