AUTOBÚS NO. 3
Así es como vivimos,
sepultados en nuestras bufandas y resacas,
protegiéndonos
de todo mal,
construyo un muro a mi alrededor, hecho de oro, de miedo,
hecho de pan con embutidos, de vergüenza.
Así es como vivimos,
no te acerques,
no preguntes.
Así es como vivimos,
nos sentamos en nuestros hermosos traseros,
deja que se levante ese tipo, es su deber.
No lo haré, no, estoy cansada, ¿sabe acaso esa perra
lo que es trabajar por la noche y
no lograrlo, nunca lograrlo? Me importa un carajo,
no debió haberlo hecho si luego no iba a poder comprar un coche
y ahora está apiñada con los demás en este barco maloliente,
navegando a ciegas
en la oscuridad.
Nuestra forma de vivir es así,
es simplemente como vivimos,
no cedemos nuestros asientos, no sonreímos, no saludamos,
temerosos de ser engañados, insultados, arrollados,
de que nos roben el último pedazo de pan de nuestras manos,
claro, me sobran cincuenta kilos, pero son de puro sufrimiento,
así que prefiero simplemente sentarme aquí y no ver nada
por Dios, está lleno de tullidos allí,
pero yo, yo no los veo,
miro los árboles,
recito mis mantras y pienso en cosas más sublimes,
tengo que lograrlo, tengo que lograrlo,
sólo necesito un poco de suerte,
encontrar un yerno con dinero y las llaves de un BMW.
Así es como vivimos,
sin ver nada,
el bebé está riendo,
no lo escucho, no escucho,
el sol se filtra por una grieta,
busca un trapo, tapa ese agujero,
se irá todo el calor, ¿y entonces qué?
El puto gobierno no me da de comer,
no me da motivos para sonreír, ni dignidad;
ni fe en los seres humanos,
ni fuerzas para levantarme,
para ceder mi asiento
a esa chica que dará a luz mañana.
Esa chica que sonríe.
Hay esperanza para nosotros todavía.
NIEBLA
Mira, esta es niebla, cariño, niebla de verdad,
mira, lo que tienes en las manos es un mapa, mojado y arrugado,
mira, aquí está el giro que te hubiera llevado al puesto de control,
mira, aquí está el chico que ya no podrás mirar a los ojos,
mira, aquí está el otoño, la hojarasca crujiendo bajo nuestros pies,
mira, aquí están tus amigos en el bar sin tener ni idea de qué hacer con las fotos que les diste,
que muestran un hombre de rodillas frente a una niña de doce años con los calzones abajo.
Miren, esta es la niebla, niños, niebla de verdad, es cierto,
mira, aquí hay gente que nunca va a mirarte a los ojos,
mira, aquí está la tierra y, fíjate, ya puedes decirlo con certeza.
Te pones de pie, creces, aprendes a controlar tus ataques de pánico,
te conviertes en puente, en árbol, aprendes a mirar a la gente a los ojos,
te haces amiga de gente sin brazos o piernas porque piensas que te entienden,
escribes este poema, cariño, por milésima vez,
esperando que un día se desvanezca.
Miren, esto es niebla, niños, niebla de verdad,
chorros de mocos y esperma, un solsticio de lágrimas.
Y salgo en silencio de la iglesia en el bosque,
han pasado eones y sigo vistiendo el mismo pants con el elástico roto.
Y la gente me mira y algunos dicen: ¿no pudo escribir
con más tacto?, écon un poco más de decencia? pero si me
preguntas a mí, digo que se jodan, los niños deben saber
que el mundo no es una cama de rosas, que se jodan,
digo, ¿por qué coño tienes que ser tan trágica? Nos
gustabas más antes, cuando bebías tanto, te ponías peda,
engordabas y te cogías a cualquiera que te hiciera caso.
Así que échate aquí, bajo nosotros.
Eso de verdad es niebla, niños, por una vez, es niebla de verdad.
Y no tengo nada más que esta lengua desgastada, fibrosa
y mordaz, y los dedos que escriben estas palabras en la
pantalla como si fuese en un gran lago.
Salgo del bosque. Y les pregunto, niños, a ustedes en
sus casas de verano, en sus salas de estar, en los asientos
traseros de los coches, en sus camas matrimoniales,
a ustedes niños de todos los sexos en algún tipo de sauna,
borrachos y drogados, a ustedes niños que han
sobrevivido, les digo que da miedo, claro, pero aún así
-por favor- salgan de una vez.
O esperen un poco, sean pacientes con ustedes mismos.
Y yo intentaré empezar a respirar aquí, sin hacer
demasiado ruido.
LAS MUJERES se odian entre ellas,
tienen tan poco espacio
en este mundo manejado por hombres,
en este mundo donde sólo algunos pueden vivir
-los fuertes y los buenos -.
Donde hay que luchar para tener un lugar en el ruedo,
con dientes y uñas,
con puñados de pelo y pezones,
tienen que abandonar sus disertaciones,
usar esas hojas como mantelitos para sardinas con pan.
Tienen que echarse como reposapiés
para alcanzar la repisa más alta de la alacena,
donde hay caramelos rellenos de licor.
Las mujeres se odian entre ellas.
Pero a veces, en una sauna rusa o finlandesa,
donde todas están desnudas,
simplemente escupen.
Escupen con un siseo
y se despatarran encima de las tablas
con sus enemigas de todas las razas y tipos de cuerpos,
y simplemente reposan por un instante en silencio.
Una vez que han escupido y se han tranquilizado.
Y lo mismo ocurre al otro lado del muro.
PARA ZIRGU PASTS*
Que extraña esa habitación con piso de desgastadas tablas negras
con ondulantes cortinas desbordando por las ventanas,
en el alféizar ha florecido un cactus,
relinchando tras de la puerta, marchan los caballos.
Qué extraña -esa habitación- entras descalza
recordando, todo era así,
estabas avergonzada, enfadada, roja,
la cubierta se mecía bajo tus pies.
Todo te causaba dolor, cada roce,
e incluso la vida te hablaba en bajo,
y todas las calles eran arterias
que trajeron amigos a tu corazón.
Qué extraño, el tiempo nos ha vestido, calzado,
nos ha saludado,
todo gira en un vals, todo ha estallado en jirones,
sin embargo, una vez estuvimos descalzos,
sin embargo, una vez estuvimos en llamas,
estuvimos tan cansados, tan jóvenes, tosíamos todos,
y estuvimos entre desconocidos,
y todos eran nuestros,
la mañana despertó a la noche
sonriendo a través del viento,
qué extraño, fue justo ahora
que entramos tan enojados, descalzos y rojos,
que entramos y no vimos las ventanas ni las cortinas
que ondulaban como si se despidieran de alguien.
Todo era dolor y gritos y la alegría era como una cascada
que corría atravesando la calle,
los amigos entraron al barco y gritando naufragaron con él,
una mañana dolida y punzante salió de la noche lila.
Qué extraño, fue justo ahora,
ese camino del alféizar al patio, con los caballos verdes,
en que los besos prendían y no nos soltaron.
Y ahora hemos vuelto. La mismísima habitación,
un río fluye sin parar por la ventana,
y cuando entramos, otros se sonaron la nariz
y escupieron y algunos saludaron,
pero la ventana está quieta,
la ventana sigue abierta.
*Zirgu Pasts: «Correos de caballo», un edificio en Riga, ahora un teatro, que en el siglo XIX sirvió como oficina de correos entregando la correspondencia por carruaje.
ESTARÉ VESTIDA con mi ropa de gorda,
con el pelo despeinado,
y te acercarás a mí
para decir: te deseo.
Ese es mi deseo,
mientras estoy allí tan bella
en este dorado día de otoño
cerca de la escuela, agarrada de la mano de mi hija.
LA FELICIDAD DE LAS MUJERES
Ella dice: siete años de esa buena suerte,
siete años,
en las minas de uranio forjaste mi felicidad,
en las minas de uranio forjaste mi desdicha.
¿Por qué fue mi destino tener un marido tan guapo,
que había servido un mes en la legión,
reclutado justo después de su graduación?
¿Por qué? Qué destino para una huérfana,
para mí, que podría haber amado y amado.
Ella dice: arruinarás tu vida,
simplemente la vas a arruinar, después de haberle comprado a su hija
una chuleta tan grande como el plato,
se avergüenza de decir «aborto» en la mesa.
¿Por qué merezco este destino, por qué,
por qué tirar mi vida al suelo,
por qué enterrarme en una tumba,
por qué lo harías, por qué lo harías?
La verdad es que ya no hay más hombres, pero ella tuvo suerte,
porque él no es un hombre de verdad,
no es como los demás, menos mal,
sin embargo, hay que esconder los cigarrillos tras las toallas,
triste, ella puede pasar día tras día sola,
tiene sus asuntos, su trabajo,
los hombres, así es como son,
hombres,
la felicidad de las mujeres.
Entonces nace una niña, otra hija,
al principio ella se infla de palabras y tristezas y blasfemias
durante seis meses las ha chupado por el cordón umbilical,
hasta que, ya grande, busca la felicidad de las mujeres
e intentando encontrarla, estalla.
Y las palabras se derraman como las rejas del arado,
sobre los aradores de la familia,
sobre las mujeres que eran la tierra,
y en el momento en el que sus bocas fueron silenciadas por una mano llena de callos,
ascendieron al cielo, saltaron encima de almohadas de nubes, bayo oscuro, bayo oscuro, bayo oscuro.
Mi dulce caballo bayo, deja de llorar, deja de gemir, para,
nadie tiene tiempo para tu porción de dolor y desastre,
estamos vivos y comemos.
Y entonces dan a luz a hijas y no es
que las odien, no, pero no saben qué hacer,
qué pasará si se llevan al único que vale,
qué pasará si se rehúsan a reconocerle,
porque nunca estarán seguros de si bajo esa piel reluciente no habrá un abrigo del ejército,
y que no llegará nunca un momento en el que pregunte: Bueno, ¿qué puedes ofrecerme?
Y tú no tendrás nada y te acostarás y te convertirás en tierra.
Por eso acaparan, para que haya algo para ofrecer llegado el momento
cuando te hayas levantado
pero alguien quiere que seas la tierra.
Y las hijas, ¿qué pasa con las hijas? ¿dónde las acomodamos?
En la tierra.
El odio de nuestras mujeres es menor que su miedo.
Nuestro odio es menor que la voluntad de vivir.
Yo les digo: Yo odio.
Yo les digo: Quiero caminar.
Quiero seguir siendo una persona,
no quiero la felicidad de las mujeres.
Soy más que sólo tierra. Soy más que un balde del cual puedes saciar tu sed cuando vuelves
a casa por la mañana después de haber cabalgado y cabalgado.
Y entonces a través de la oscuridad y el bosque,
a través de siete años de felicidad,
a una persona le crece una piel nueva,
a una persona de la familia de los humanos.
AVE MARÍA
No era posible ver la casa a causa de la niebla,
hubo un hedor amargo de las hojas otoñales
y llovía a lo lejos,
y las manzanas caían con un ruido sordo.
Los dos ya no son jóvenes,
hace meses que ella no ha salido de la casa
y él ya no habla
desde que el ángel se manifestó en su trabajo,
hace frío dentro de la casa,
la calefacción se apagó hace mucho.
La puerta al jardín rechina con el viento,
no tienen hijos,
viven solos.
Y ella despierta esta mañana,
está aclarando fuera,
su esposo aún duerme.
Ella se levanta, tiene que ir al mercado,
necesitan comer.
Abre la puerta.
Hojas rojas cubren los peldaños de madera,
ha llegado el otoño,
cuando cerró la puerta la primavera estaba comenzando.
Y ahora es otoño. El jardín está envuelto en una ligera niebla,
los sonidos llegan nítidos, circulan los primeros trenes,
y el alba en el horizonte promete un día dorado
Ella camina por el jardín, una vieja -un barco,
los pájaros cruzan los cielos,
pero no la dejan en paz.
Se pregunta: ¿por qué les gusto tanto a las bestias?
Los gatos vigilan cada uno de sus pasos,
las hormigas le muestran nuevos caminos,
y trenes corren a lo lejos gritando:
una joven viene desde la ciudad para verte.
Hay adolescentes fumando frente a la tienda,
pero ella está callada y tan llena de luz,
cuando sale, ellos murmuran, se codean, se burlan,
pero ella camina y ve en las sombras alargadas
que ella misma proyecta
el tierno cielo,
va a tener un hijo,
lo increíble ha sucedido.
Si volvieras donde ellos, ángel,
lleva una vela,
porque la luz se ha apagado, y sólo queda el murmullo del mar.
Cuando vuelve,
hay un menor sentado en el umbral,
vestido de tal manera que es difícil
distinguir si es niño o niña, y le pregunta:
¿por qué no habla conmigo tu esposo?
Ella sólo se encoge de hombros e invita al pequeño a entrar,
así es como ocurre,
bajo su corazón, el niño da la bienvenida a otro niño.
Y esto no es posible, y eso tampoco,
y en verdad nada es posible, sin embargo la vida existe
y también el silencio, los susurros, las caricias, y la súbita
realización: de verdad lo quieres, y mi abuela me da vida
con una sola frase que me hace valer por mí misma.
Los pájaros cruzan el cielo.
Se ha abierto el día.
Este día es un milagro,
y no importa lo cansada que esté, cuántas arrugas tenga, cuánto llueva en este día,
este es nuestro momento y el cielo respira,
esto no es posible, y eso tampoco,
y nada es posible en verdad, aún así existe la vida y también el silencio, los susurros, las caricias, y la súbita realización: estás viva,
y hay un niño dentro de ella, quizás se va llamar Jānis, nosotros no podemos,
pero la vida es un milagro tan increíble, el Big Bang, los montones de moléculas,
el sueño que llega por la noche y alumbra la mañana con una linterna pequeña,
a través de una enorme niebla
llega un milagro,
y nadie conoce su nombre,
ni si lleva pañales
o una barba canosa,
se marchita una manzana,
y cada vez, el día se enamora de nuevo de ese juego de las olas, cómo corren hacia la orilla con tanta determinacion y sin dejar rastro, y nunca se avergüenzan.
Esa luz, que proviene de una fe profunda,
de tímida pertenencia y suave humildad,
se trenza en los cables de electricidad en este dia,
y cantan los ángeles: ¿por qué necesitamos la electricidad?
La luz que emana de una vida noble y de una gran fortaleza
para sobrevivir a la vida e incluso para darse cuenta que las aves se están yendo,
y que pronto habrá nieve blanca,
luego velas,
luego fuegos artificiales,
luego vientos de primavera.
Y una vez más, un aliento renovado hacia la bóveda celeste:
gracias, imposible,
porque creiste en mí.
***
Y mira, yo duermo
en medio de blancas ventiscas me visitan
es como
un perrito una bufanda roja una vela imaginada
gotas de sangre
que tardan demasiado en coagularse
y mira, yo duermo
y bajo mi profundo sueño mis planes
se rompen como piel frágil
me sumerjo hasta el fondo y olvido respirar
y los peces me dan empujones y me enseñan cómo ser
subiré, pero aún necesito un poco de espacio
necesito integrarme
necesito llegar demasiado tarde
y mira, yo duermo
en medio de blancas ventiscas me visitan
es como
pasillos de escuela demasiado rectos
y un pupitre demasiado duro
como palabras simples y suaves: diferentes
no te apures
puedes espantarlo
y mira estoy dormida por fin
me cubre la nieve
y también el perdón
tú eres libre
Gerda ha formado letras con las astillas del hielo
y ahora se acuesta:
su amado está vivo
***
Mis calcetines te desean tanto
tus piernas, tu trasero y tu miembro,
el tacto de tus manos frías,
mis calcetines en este caluroso día de verano,
camino a ver a la aurora boreal,
sueño que me acaricias y me dices
que este otoño entre las cúpulas de distintas iglesias
entre los montones de nieve,
fue sólo una pesadilla,
susurras en mi oído:
ponme en tu boca,
y te echo tanto de menos,
echo de menos tus caderas,
cuando me despierto, es a una vida completamente distinta,
hay un reno en medio del camino
que me observa con tanta tristeza, como si
yo fuera una noruega que viene a quitarle su pasto
y a su amo Sami, que tarde o temprano lo va a despellejar.
Lo que escribo, lo que digo
con los labios quemados, es sobre el amor esta vez.
Es así, de verdad es así e incluso a veces me acerco más
a los calcetines y las piernas cuyas desnudas pantorrillas
han guardado todas estas memorias de las cuales
yo podría dar a luz a hijos e hijos de hijos
como si de piedras en un desierto
-pero la historia ya no se trata de eso -.
Lo que escribo, lo que digo
con los labios quemados, es sobre el amor esta vez.
Es así, de verdad es así e incluso a veces me acerco más
a los calcetines y las piernas cuyas desnudas pantorrillas
han guardado todas estas memorias de las cuales
yo podría dar a luz a hijos e hijos de hijos
como si de piedras en un desierto
-pero la historia ya no se trata de eso -.
Lo que escribo, lo que digo con los labios quemados,
es sobre el amor
en este momento,
este momento saturado con el olor de hojas quemadas,
este momento, que es un anillo alrededor de mi cuello, y soy
una payasa cansada, escuchando cómo en el jardín primaveral
un niño llama maricón a otro niño.
Lo que escribo es sobre amor en este momento.
Lo que digo con los labios quemados,
oscuridad y palo de esquí,
si puedes llorar, respiras,
si respiras, vives,
si vives, ves:
un perro con un pañuelo corre hacia ti y se queda a tu lado,
ya no estás sola,
la luz es una esponja dorada, las hojas caen sobre ti,
ya no estás sola,
todo lo que ves es una inhalación,
pones brasas en tus labios y hablas:
las lápidas forman una guardia de honor y caricias amarillas
llueven sobre ti.
Así es como es -palabras no aptas para poemas -:
el amor construye un arco de triunfo,
apóstoles con los dedos rotos y despellejados vivos,
con heridas sangrantes, se han ahorcado y asfixiado con gases,
en Rumbula se han puesto en fila para ser ejecutados, los que salieron de la fosa, golpeados con una porra en la oficina del coach,
violados en las duchas de la cárcel, agujeros de bala en sus cabezas, agujeros de bala en la cabeza de la madre, así que
de verdad murieron de hambre, murieron al caer al suelo en el suburbio del Moscú de hoy,
muertos de tristeza, tirados en la cama, incapaces de levantarse, sintiendo que no existe el alma-
en este momento están todos listos en su lugar en el gran cementerio
y esperan, precisamente por ti, para inhalar
para que hables con tus labios quemados
y el sol construye un arco de triunfo.
***
Justo así,
recuéstate a mi lado así,
recuéstate a mi lado
-me gustaría oír que estamos vivos
en tu corazón que retumba como la risa de pintores de casas,
profunda y ambigua,
están pintando la biblioteca.
Así es como es con el amor,
de repente todo lo que nos rodea
se convierte en metáfora
de algo,
de algo
que puede ser oído
cuando aprieto mi cuerpo desnudo contra el tuyo.
La habitación se inunda de polvo dorado,
¿cómo es posible dudar del Espíritu Santo?
Inga Gaile (Riga, 1976). Es poeta, traductora, narradora, dramaturga, artista de performance y presidenta del PEN Letonia. Con un humor único, explora estados interiores del ser, experiencias personales y la vida cotidiana de las mujeres, entre otros temas. Es merecedora de diversos premios como el Premio Anual de Literatura Letona 2015 y también en el 2020, por Puede la última fila escucharme y Las bellas, respectivamente. Gaile es fundadora del grupo de comedia Women’s Stand-Up. Es traductora de poesía rusa al letón y su propia obra ha sido traducida a diversas lenguas como el inglés, alemán, sueco, lituano, bengalí y español. El poemario 30 cosas que la gente jamás se pregunta fue publicado en español por Círculo de poesía, en traducción de Lawrence Schimel.

