3 poemas de Duo Duo (China)

La fábrica del lenguaje está en la cocina

Si la fábrica del lenguaje está en la cocina
el corazón es el dormitorio. Dicen:
si el corazón es el dormitorio
la fantasía es el habitante de la casa.
De la fantasía expresada en los ojos del pájaro
el niño que juega con la sordina
admite: el tumulto
es armonía;
un cerebro sin sueños,
es un tiempo baldío.
niño que juega con la sordina
admite pero no entiende:
la semilla impedida de concebir
no produce imágenes.
Cada semilla es una causa,
y cada causa quiere hablar
pero permanece
muda como una dirección.
El salvaje que fuma en silencio
coloca una nuez sobre la mesa.
Ellos dicen: toda discusión debería acabar
cuando los caballos se quedan tan quietos
cuando los caballos observan los ojos de los hombres.

1984

Convivencia

Van a toparse en la esquina con tres planes de vida:
brasa en la pipa de un anciano,
graffitis garabateados por unos niños,
las piernas mojadas de una mujer bajo la lluvia.
En torno a una casa blanca dan vueltas
toda una noche, buscando señales.
Amanece, y aún no se deciden a volver.
Sus errores datan de ese momento.
Se tiran a dormir sobre un cama,
sin oraciones y sin tener en cuenta
la luz que un poco más tarde
entrará sin piedad a través del vidrio.
Se duermen así, con una sonrisa triste,
y parecen muertos. No deseando evocar
siquiera alguna anécdota más agradable
se levantan, caminan algunas calles,
y cruzan sin más la puerta
de ese edificio sin marcas.
Y así desaparecen
de la manera en que su madre
había augurado antes de morir.
Secretamente buscan de hecho
siempre la oportunidad de insertarse
en ese pasado, hablando
con oscuras alusiones, reviven
la sensación de un día de nieve
saliendo con pasos lentos de la bruma,
pelando naranjas para un enfermo.
Las flores del invernadero
a través de la niebla púrpura
deben haberles dejado
un recuerdo difícil de olvidar,
y así su emoción se enciende de golpe.
Déjenlos perderse otra vez por un instante.
Denles un ritmo, sí, pero no los despierten.
Que no se vuelva oscura su ventana
ni se desgaste en ellos la imagen
de un campo visto a lo lejos.
Caminando hacia la calle al amanecer
fue la vida misma lo que vieron.
Era el barrendero que hizo una pausa
para mirarlos mientras se acercaban.
De pie en la mañana, con su uniforme azul y su pipa.

Campanadas

Ninguna campana toca para advertirle a la memoria
pero hoy yo escuché sonar
en total nueve veces escuché
o no sé cuántas veces
escuché en el instante de salir del establo
y casi un kilómetro después
escuché otra vez: «En qué momento,
durante la lucha por mejorar las condiciones,
incrementaste tu servidumbre?».
Justo entonces, comencé a envidiar al caballo que permanecía en el establo.
Justo entonces, alguien montado sobre mí me golpeaba la cara.

Duo Duo nació en Pekín en 1951. Durante la revolución cultural, en el marco de la campaña de reeducación de los jóvenes urbanos impulsada por Mao, pasó seis años en la zona rural de Baiyangdian, en la provincia de Hebei. Allí, junto con Mang Ke, que más tarde sería uno de los fundadores de la revista Jintian, comenzó a escribir poesía, influenciado por los poemas de sus amigos y por la lectura de los «libros de tapa amarilla», traducciones prohibidas que circulaban de mano en mano entre los jóvenes ilustrados. Tras la masacre de la plaza Tiananmen y la derrota del movimiento democrático, en junio de 1989, Duo Duo, que había viajado a Europa para participar de unas lecturas, decidió exiliarse. Volvió a China en 2004. Actualmente vive y enseña en la isla de Hainan, la misma donde Su Dongpo pasó varios años desterrado.

Queremos agradecer a la editora de Gog & Magog, Vanina Colagiovanni, por el intercambio literario gracias al cual llegamos a estos poemas, que fueron publicados inicialmente en Un país mental: 150 poemas chinos contemporáneos (2011). Las traducciones son de Miguel Ángel Petrecca.

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