«Postales desde el fin del mundo (2017-2022)» (poesía), de Rodrigo Perea

Tenías un iPod Classic y el tiempo pasaba en canciones

Up on Melancholy Hill
There’s a plastic tree
Are you here with me?
Gorillaz

14 años
160 gigabytes de música
aunque repetimos los mismos discos
                una y otra vez
tirados en el suelo de una secundaria pública

¿Cómo fueron invisibles
esos niños con psicofonías de recostados en el suelo?
Adolescentes suspirando
experimentando algo parecido a las drogas mágicas del porvenir

Algo parecido al final de una peli
quietos respirando
abrazados sin darse cuenta


Parálisis del sueño

Chuang Tzu
soñó ser una mariposa

Un hombre sueña
boca arriba
con el corazón extirpado
luego de caer de un bicho hecho de fierros

Otro hombre gris
llega a las ruinas
de un antiguo templo circular

Pesadilla es el diminutivo de peso
sobre el cuerpo
un íncubo que susurra como vagabundo

Hace meses que no puedo dormir ni soñar
Hay alguien en el umbral de la puerta
Me pide hacer algo por él

Y el tiempo corre
sin que pueda mover
un solo músculo

Como pasan los años con dolor
sin que algo cambie


El ruido del mar me despertó

no el mar pero autos que caen horizontalmente sin estrellarse
cerca del metro y sus respiraderos
o fue quizá la marea de las estrellas inmóviles

escucho las olas de pasto recorriendo el viento
los autos bañan la arena fría
y los rascacielos se nos caían de tan cerca

sueño con contar las gotas en las salpicaderas
que de a poco siempre se evaporan
como la brisa de la costa citadina


Buenos días, poetas druidas bañados cada mañana en café instantáneo y campos de arroz. Tan solitarios siempre, contagiados de la escritura diaria de las hormigas. Nos desconocemos pero estuvimos al mismo tiempo en cuántas mañanas, en cuántos ecos tirados por la alcantarilla. Nos miramos en una antigua noche para rezar al nuevo loco del barrio y reímos llorando en viejas cantinas.


Poema a mi viejo

Ambos despertamos tarde
porque dormimos tarde

Salgo a caminar
y veo a otros viejos sin camisa
tomando ron frente al zaguán
afuera de sus casas
                es primavera

Me saludan con la cabeza
aunque no nos conocemos

Vivo con mis padres
en un pueblo de las periferias
Unidad habitacional
derivada en colonias irregulares

Papá compró una casa
a sus veintitantos
aquí hay canchas que llaman
el polvorín
con chicos que juegan fútbol
y a veces también se quitan la camisa

Regreso a casa y sólo de noche
hablo un poco con mi viejo
quien se olvida de cómo enviar un email
y no escucha bien (nunca aprendió)
pero aún así me cuenta historias remotísimas
de cuando unas tías no sé qué

Toma café instantáneo
yo un té con pan

Los dos dormimos a las tres de la mañana
él viendo peleas de box grabadas
yo escribiendo estos poemas
                que él un día leerá
                y no habrá de recordar

Rodrigo Perea (CDMX, 1997) ganó el Premio Poesía Joven UNAM 2022. Estudió Lengua y Literaturas Hispánicas, y ahora se dedica a hacer malabares entre talleres literarios, escribir crónicas y registrar sueños rarísimos. Ha publicado poesía, crónicas y ensayos en varios rincones del mundo, incluyendo un Tumblr, donde conjunta sus intereses de arte, magia y tecnología, llamado ArchivoAstral. En la actualidad practica el ocio como forma estética y de vida.

Deja un comentario

Descubre más desde

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo