Franz Kafka:  Die Verwandlung: Los mundos poéticos y sus traducciones

Dra. Mónica Steenbock Schmidt (abril 20231)

Toda traducción es subjetiva. Parte de un texto inicial que debe adecuarse a una “lengua otra” con el fin de permitir el acceso a universos que nombran al mundo de manera diferente. Nombrar implica salir de una indefinición cósmica con el propósito de generar particularidades capaces de crear identidades, tanto colectivas como individuales. No es lo mismo “acceder” al mundo en alemán, en español, en ruso o en chino, pues no se trata sólo de referirse a los mismos objetos concretos con diferentes palabras, sino que el acto de nombrar instaura un imaginario específico, vivo y cambiante, desde el cual le damos sentido a nuestras vidas. Habitamos nuestras realidades a través de deslindes y de límites, articulamos reglas gramaticales y de comportamiento e instituimos un sinnúmero de dinámicas de poder que rigen la vida cotidiana y que condicionan, no sólo nuestras libertades, sino también nuestras esperanzas.

En esta ocasión hablaremos de Franz Kafka (1883-1924), uno de los escritores más influyentes de la Literatura Universal cuya obra ha sido traducida a muchas lenguas. Esto nos lleva a pensar cuáles aspectos se han transmitido y cuáles se han quedado en el tintero a causa de las restricciones del imaginario que, desafortunadamente, no es libre e infinito, como pensaron los románticos, y que una vez establecido se enriquece sólo a partir de analogías con lo ya conocido. Como un ejemplo pondré la palabra alemana “Butterbirne” (pera de mantequilla) que se refiere al aguacate o palta, una fruta desconocida en Europa hasta el siglo XVI; más adelante, con la integración de palabras extranjeras para frutas conocidas, se le nombró también “Avocado”. Otro ejemplo son los extraterrestres, cuyas imágenes se componen únicamente de elementos que ya pertenecen a un imaginario instaurado. Es importante mencionar esto, porque el imaginario de Franz Kafka pertenece a un tiempo y a un espacio definidos y participa de varias religiosidades, entre ellas la judía a la que perteneció, pero también a la católica por haber nacido en Praga durante la época del Imperio Austro-húngaro.

Leer o traducir su obra implica entablar un sinnúmero de diálogos que, más allá del texto literario y sus implicaciones, fomentan una empatía con ese “tiempo- espacio” que no nos tocó vivir, pero cuya presencia evidente despierta nuestra curiosidad y nos conduce hacia el mundo quimérico de lo “inmaterial”.  El ruso Jurij Lotman[1], uno de los semiólogos y lingüistas más importantes del siglo XX y fundador de la culturología,[2] opina que no es el texto a traducir lo que es decisivo para una traducción exitosa, sino más bien los contextos teóricos y las redes intertextuales e ideológicas arraigadas en los nódulos interdisciplinarios que configuran las diferentes identidades. Nunca será lo mismo leer una traducción de la obra de Kafka al chino mandarín, al catalán o al checo que confrontarse con la versión original en alemán.

La primera traducción de La Metamorfosis al español fue iniciativa de José Ortega y Gasset, publicada en la entonces nueva Revista de Occidente en dos entregas en 1925, versión que “no ha sido valorada en toda su dimensión […] ´una versión anónima que andaba por allí´, la llamaría Borges.” [3] y que es indudablemente la primera aportación para la difusión de la obra de Kafka en español. Tendremos que mencionar aquí que para nosotros fueron más importantes las traducciones de Kafka al francés o al inglés, pues el público receptor latinoamericano está acostumbrado a relacionarse con literaturas extranjeras a través de estas dos lenguas.

Tanto Kafka como su obra se han convertido en íconos de la “Literatura Universal”, un concepto establecido   que pretende abarcar a toda la humanidad, pero que no tiene fundamento alguno, por lo que resulta ser más un producto del deseo que una realidad instaurada. No existen traducciones universales, ni acercamientos objetivos a fenómenos poético-literarios. Tanto la versión de Ricardo Stolzdarauf como la de Gerardo Iturbide están condicionadas por sus historias personales, sus laberintos imaginarios y su necesidad de apropiarse de un texto en alemán con el fin de plantear alternativas a un pensamiento otro, no sólo consagrado por la Academia, sino presente en el léxico popular a través del adjetivo “kafkiano”, que en español se utiliza para describir situaciones complicadas, angustiosas e inverosímiles que inciden en  lo absurdo, lo grotesco y lo fantástico. El equivalente en alemán de este adjetivo, sin embargo, no tiene la misma importancia en el léxico vernáculo, lo que apunta a una recepción distinta de la obra de Kafka a nivel cotidiano.

Traducir implica un compromiso privado con respecto a la polisemia del lenguaje. Hay que jerarquizar, seleccionar y decidir cuáles aspectos de la obra literaria se consideran esenciales para consolidar una propuesta coherente y comprensible para el público receptor. Si el texto a traducir es literario, no habrá forma de dejar a un lado los gustos vigentes que dependen de las tendencias y las modas del momento. Además, no existe traductor alguno que pueda eludir su función social o desafanarse de sus convicciones ideológicas o de sus opiniones políticas. Stolzdarauf es un claro ejemplo de ello.

No pude evitar una sonrisa al imaginarme a Gregor Samsa viviendo en Buenos Aires, ganándose la vida como taxista, fumando puchos y al narrador refiriéndose a su madre como “su vieja,” cuando para el Samsa que vive en Praga la figura materna es marcadamente distante: él la llama “die Mutter” (la madre), no “Mutti”, (un diminutivo cariñoso), ni siquiera “meine Mutter” (mi madre). Con esto Stolzdarauf define el tono de su ejercicio de imaginación que, quizás por el apego riguroso que tiene al texto original de Kafka en alemán, confunde con una traducción. Por mucho que quiera defender el vocabulario coloquial de su Gregor Samsa argentino con una cita del propio Kafka (que por cierto no traduce), en el texto original se evita sistemáticamente la jerga o el “jargon” con relación al personaje principal, ya que esta forma de expresarse permite una identificación emocional con el ambiente que le rodea y le conferiría una confianza totalmente contraria al desamparo ontológico que sufre Gregor. El uso del lenguaje en el texto de Stolzdarauf es claramente domesticante y “adapta las referencias culturales y el lenguaje del texto original a los de la cultura de la recepción de la obra -la capital argentina.”[4]

Las expresiones coloquiales facilitan una empatía tanto con el narrador como con los personajes, pero son tan abundantes y exageradas que rompen con la seriedad ontológica del texto original y lo convierten en una fórmula humorística, transferible a cualquier cliché cultural domesticante; es decir, podríamos imaginar con facilidad a un Gregor Samsa que vive en Tokio y se expresa a través de una jerga local; seguramente comería Sushi y se dedicaría a vender productos de jardinería; o uno que viva en Nueva Deli y condujera un bicitaxi (una “Richa”). Todos estos Samsas son posibles y su éxito dependería del imaginario y del ingenio de cada “autor-traductor.”

Cierto es que el ejercicio de imaginación de Stolzdarauf tiene su encanto y su gracia. Salta a la vista el dominio que tiene el autor tanto, del alemán como del español. Eso le permite, como señala Gerardo Iturbide, desatar nudos sintácticos, elaborar conversaciones coherentes y encontrar equivalencias dialectales astutas y contundentes, que provocan tal asombro, que imposibilitan cualquier distanciamiento crítico.

Sin embargo, tratándose de Kafka y de una obra “emblemática”, la propuesta de Stolzdarauf atenta en contra de la Academia; deforma la propuesta literaria kafkiana, la despoja de su profundidad poética, la banaliza y la convierte en una parodia intencionalmente irreverente. Con ello se gana la indignación de aquellos que valoran a Kafka, no sólo como un clásico, sino como un místico en busca de una religiosidad que permita al ser humano encontrar su lugar en el Cosmos.  Ya desde su título, la obra Die Verwandlung se inscribe dentro del ámbito de los sagrado-ancestral y es prácticamente intraducible. Desde luego no se trata aquí de una simple transformación o de una metamorfosis (que proviene del griego meta=cambio y mofe = forma) que se usa en biología para referirse al cambio de fisionomía de algunos organismos, como las mariposas. Esta es la traducción al español más frecuente, y la que utiliza el traductor Gerardo Iturbide. La palabra se compone del prefijo “ver” y del verbo sustantivado “Wandlung”, que es el término utilizado para nombrar la transfiguración que se consuma para los creyentes durante la consagración en la misa católica. Es precisamente el misterio de la fe que “anuncia la muerte y proclama la resurrección de Jesucristo”. El prefijo “ver” tiene varios significados, entre los que figuran “algo que ha sido consumado”, como es el caso del verbo “verlassen” (dejar para siempre o abandonar), o “verpassen” (perder el momento para siempre). “Verwandeln” como verbo proviene del entorno propio de los mitos y cuentos de hadas, y alude a la transmutación de un animal o una persona en algo distinto a través de un conjuro o un acto mágico (como un príncipe en un sapo o un mago en una lechuza), y que no tiene una explicación racional y lógica. Por esta razón, hay críticos literarios que hacen hincapié en el parentesco que tiene Die Verwandlung con los famosos “Märchen” alemanes.

Kafka adquiere fama internacional por ser uno de los primeros autores en crear mundos interiores subjetivos a través de la fusión de elementos realistas y fantásticos con el fin de expresar una angustia existencial derivada de una orfandad ontológica. Esto lo muestra a través del absurdo y de lo grotesco que ponen de manifiesto la brutal violencia a la que estamos expuestos a diario, tanto a nivel físico como a nivel psicológico. Es primordialmente un escritor místico capaz de acercarse a lo inefable mediante ausencias y silencios específicos que genera a partir de la lengua alemana, que manejaba como ningún otro. Entre los escritores latinoamericanos influidos por su obra se encuentran Jorge Luis Borges, Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Octavio Paz y muchos otros.

El enojo que provoca Ricardo Stolzdarauf con su traducción-parodia resulta entendible, pues las “malas palabras” y el tono procaz no sólo tienen un efecto humorístico, sino violentan la religiosidad inherente a la obra. Funcionan como transgresiones simbólicas que rompen los silencios y las implicaciones kafkianas saboteando así el acceso a lo inefable. Una vez perdido el ámbito de lo sacro, la obra de Kafka se descontextualiza, pierde los vínculos intertextuales originales y, con ello, la posibilidad de coincidir con el texto original. Convertida en pelota de juego del imaginario y de las intenciones ideológicas personales de Stolzdarauf, Die Verwandlung   es utilizada para protestar en contra de la solemnidad académica y para rendir homenaje a la jerga bonairense, con la que él se identifica. Válida o no, esta propuesta reduce las posibilidades interpretativas, al menos las metafísicas, apostándole al psicoanálisis para lograr analogías y paralelismos que puedan abolir la estrechez de “lo local” y “lo domesticante”.

La traducción de Gerardo Iturbide, en cambio, busca encontrar una perspectiva lo más objetiva posible para tratar de conservar el tono de la obra original, pero tampoco puede escapar a la situación descrita por Jurij Lotman, ya que, como lo dije anteriormente, no sólo la lengua, sino los vínculos intertextuales y los condicionamientos culturales impedirán siempre una lectura equivalente a la original. Si bien se puede calificar la traducción de Stolzdarauf como “domesticante”, porque se inscribe dentro de las tendencias de las filologías nacionalistas, que buscan adaptarse al público meta con el propósito de facilitar la identificación de los lectores con el texto traducido, la traducción de Iturbide no puede calificarse de “extranjerizante”, pues la ciudad de Kafka es Praga  y no Buenos Aires, por lo que tanto su persona como su obra serán siempre ajenos a la manera de percibir el mundo desde una perspectiva latinoamericana, y, en especial argentina, como lo observamos en Stolzdarauf; es decir:  es imposible extranjerizar lo extranjero. Lo que sucede aquí, es que Iturbide hace mucho menos concesiones al público de habla española, lo que convierte la lectura de Die Verwandlung en algo desafiante.

Como bien señala Stolzdarauf, hay veces en que Iturbide decide conservar incluso parte de la sintaxis de la lengua alemana y altera el orden, el ritmo y la puntuación propios del idioma español. Esto produce cierto desasosiego y tiene un efecto enajenante con claras consecuencias poéticas: lo que en la obra en alemán resulta ser cotidiano y habitual adquiere en español un aura de “insólito”. Con esto se trastoca la intención original de Die Verwandlung de insertar al imaginario mágico en la rutina del día a día. El lector tendrá que hacer un esfuerzo intelectual mucho mayor para acercarse a la versión de Iturbide, que para acceder a la versión de Stolzdarauf, e incluso mayor a la de una lectura en alemán (en caso de que el alemán sea la lengua materna).  Al utilizar un vocabulario culto y elevado, Iturbide acentúa esta distensión de lo cotidiano aún más y hace que el texto adquiera un tono ceremonioso y elitista, que, en apariencia, facilitará esas interpretaciones místicas que se pierden en la versión de Stolzdarauf. Sin embargo, en la traducción de Iturbide muchas de las alteraciones sintácticas parecen hechas al azar y con frecuencia no cumplen su función poética: las vivencias que Kafka formula para que se entiendan como específicamente cotidianas, se distorsionan intencionalmente y sin razón a través de un manejo extraño del español. En consecuencia, la sintaxis aquí no permite una continuidad narrativa, el texto no fluye y esto afecta a los silencios y las implicaciones metafísicas y dificulta toda interpretación, incluyendo la psicoanalítica.

Las intenciones ideológicas de ambos traductores son, en consecuencia, diametralmente opuestas, pues a pesar de entender perfectamente el idioma alemán, de manejar las sutilezas lingüísticas con destreza y de ser lectores apasionados, parten de diferentes contextos teóricos, se identifican con diferentes estratos sociales, persiguen metas diferentes y nos hacen reflexionar, no sólo acerca de Kafka y de su obra,  sino también acerca del lenguaje y de las dificultades implícitas de nombrar  al mundo para darle un significado.      


[1] Lotman, Jurij, citado por Zima, Peter V. Komparatistik, Francke, Tübingen, 1992, p. 8.

[2] La culturología estudia el origen y la forma que toman los hechos humanos, cuya trama está entretejida por normas, valores, símbolos con los que suelen expresarse los distintos grupos étnicos y sociales para crear vínculos afectivos.

[3] Paz Gago, José María, ABC, 2022. https://www.almendron.com/tribuna/la-via-espanola-de-franz-kafka/

[4] Cfr. Gerardo Iturbide.

  1. Este texto constituye una ponencia que la Dra. Steenbock dio en la presentación del libro La transformación. La metamorfosis, la primera publicación de la editorial Gambito de papel, el 13 de abril de 2023 en la librería La murciélaga de Luigi Amara en Ciudad de México. ↩︎

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: