El turco re turco

Por Daniel Schechtel

Terminal de ómnibus – Estambul – Turquía – Esperando para irme a las 21hs para Alexandroupolis, Grecia

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Fotografía por Daniel Schechtel

¡Qué paseo me pegaron estos turcos delincuentes, loco!
Llegué a la estación de colectivos con el metro. Venía pensando en la magia de la vida, en mis amigos, en que viviría siempre junto a ellos, que todos lo saben, como dijo Ginsberg, todos ya saben de la magia de la vida, de la importancia de las personas, de la grandiosidad de la naturaleza, de las diferentes vidas posibles, de la infinidad de rostros diferentes. Con esta sensación de liviandad y nostalgia aparezco en la entrada a la estación y ubico la puertecita por donde se sale. Pero no hay ningún tipo como había en otras estaciones de tranvía, que abría la puertita por vos, y eso me extraña y me hace pensar que la salida no es por ahí, pero de pronto aparece un tipo sonriente, con más cara de turco que un turco, porque seguramente es turco, y más turco que un turco, me la juego, y me abre la puertecita y hay otro tipo al lado, y el más moreno con pelo blanco (el más turco que un turco) me da la mano y me la apreta fuerte, y saluda y le digo “hola” como he acostumbrado a hacer, porque si uso el inglés te hablan en inglés y no zafás de entablar una conversación, pero cuando usás cualquier lengua (incluso te inventás una tuya) podés responderles cualquier cosa y no entablar ninguna clase de conexión moral con el otro. Los dos tipos me saludan y pareciera que o compitieran por mi atención, o hicieran como que compiten por mi atención (o hicieran como que hacen que compiten por mi atención, nunca se sabe hasta dónde llega la desvergüenza de la gente en las terminales de ómnibus), y preguntan a dónde voy, y yo digo “Grecia”, y ahí el sonriente medio que me lleva de la mano que nunca me suelta, y el otro, de ropa negra y rostro que se me hace borroso en la memoria, tácitamente parece aceptar que el turco re turco (lo que sea que esto signifique) me guíe. Y me lleva de la mano, yo se la suelto (con algo de brutalidad, porque se complica sacárselo de encima) y me pregunta algo que no entiendo, mientras caminamos por el playón de la gran estación y me pregunta a dónde en Grecia, le digo Alexandrioupolis y después me pregunta algo y dice “Deutsch?” y pienso que me pregunta si hablo y le digo “ja, ein bisschen”, es decir “sí, un poquito”, porque pienso que si hablo en alemán va a ser más fácil no saber responder o entenderle que si me pongo en modo “Yeah, I speak English a little bit”, es decir “sí, hablo un poco de inglés”. Pero me pregunta “Munich, Frankfurt?” y le digo “Deutsch no, Argentina” y dice “¡Argentina! MEssi!”, todo el tiempo cn la mano tendida hacia mí, esa que dejé en el aire, y se la apreto de nuevo y le digo “Daniel” y me pregunta “your name?” y le repito “Daniel” y me repregunta “and your name?” y le repito “Daniel, Daniel my name” y caminamos hasta una oficina, entramos y yo a mil en la cabeza recuerdo los datos que averiguó el recepcionista de mi hostel (ese que me pidió con una risa nerviosa que yo le pusiera 100% de puntaje a su hostel en la página de los hostels, para que figure que tiene un buen hostel) sobre el viaje, para comparar con lo que tenía este personaje para ofrecerme. La oficina es bastante escueta, informal, hay un tipo atrás de la recepción, tiene cara de turco, pero debe de ser porque estamos en Turquía, aunque estando en Estambul con la gente distinta que hay no pondría las manos en el fuego. Hay otro tipo, que habla, dicen algo, sale. Todo el tiempo las cosas pasan rápido, el turco re turco habla a la pasada con alguien siempre, ya van a ver. Habla con este de acá, y le pregunto Alexandroupolis, y me dice que sí, y le digo “What time?”, es decir “a qué hora” y recuerdo que era a las 21, y me dice “21” en inglés (ya hablábamos en inglés, es decir, “inglés”, porque ninguno de los dos formaba oraciones y ambos pronunciábamos como el ojete), y le digo “okey” y me dice “18 and 21” y le digo “18?” y me dice “18 full”, o sea que el de las seis estaba lleno, pero a las 21 estaba bien, y le digo “how much?”, es decir “cuánto?” y le hago el gesto de la plata con el pulgar y el índice y capaz el dedo mayor, porque era bastante plata, sabía. Me dice “25” le dige “what?” me dice “euro”, y me dice “passport”. Y mi cabeza desteje las memorias de esa mañana, cuando el recepcionista tan piola hizo la llamada y después me pasó los datos del viaje en colectivo para Alexandroupolis, en Grecia, donde me tomaría después un tren “gratis” para Atenas, (el turco me repite “passport”) es decir “gratis” porque ya estaba incluido en el ticket global con el que viajo por Europa. Y recuerdo que en Liras turcas el número era algo que dividido 3.1 para sacar el número en Euros daba algo de 22 euros, y en general cuando se paga en euros se paga un poco más, así que me pareció que estaba bien la oferta de este muchachote (que me repite “passport”). Pero sigo dudando, en realidad nunca estuve seguro de nada: es que no me dio la oportunidad (no me DI la oportunidad) de elegir o de contemplar opciones, simplemente me dejé llevar por la mano de este tipo a esta oficina escueta y ahora le digo que sí, que 25 euros está bien, me muestra el número en liras, 110, y no tengo ganas de hacer cuentas (aunque no hace falta ser McGiver para calcular que 25 por 3 es 75 más 25×0.1, es decir 2.5, da algo como 77.5, aunque ahora no estoy seguro, pero la verdad no importa) y le digo que bueno, y me pide el “passport” y se lo doy y ni lo mira, lo deja ahí, y miro al tipo que estaba al lado en una computadora, aunque mirándonos, y me dice algo en inglés, que aclara, “his name is” y algún nombre que no conozco, es decir “su nombre es” y algún nombre que no conozco, yo le entendí que era el nombre de él, pero no, estaba diciéndome el nombre de este turco re turco que ahora que me paro frente a este otro loco también se para al lado de él atrás de la barra, y dice “25 euro” y el loco este saca el talón de boletos (o algo semejante) y lo pone sobre el mostrador y mira alrededor,  y le dejo el pasaporte otra vez sobre la barra, ahora a este loco que estaba en la computadora, que se pone de pie y sigue buscando algo, y yo abro mi campera y saco una lapicera de un bolsillo interno y se la ofrezco (queriendo cancherearla que tenía lapicera, seguro, porque ¿cómo no van a tener lapicera en una oficina y no me lo pregunté dos veces?) y el que estaba en la computadora dice “no no” y lo mira al otro que dice “25 euro” y saco un billete de 50 y se lo dejo sobre el mostrador y el tipo lo agarra y sale de la barra y dice “change, change” y está por salir por la puerta por donde entramos y le digo “what?” y repite “change” y en ningún momento me miraron el pasaporte ni escribieron algo sobre esos “boletos” y ya empiezo a pensar que esto está yendo demasiado lejos, pero decido seguirlo, por supuesto, 50 euros es una millonada, así que le digo “I follow you”, o sea, “te sigo” y arranco atrás de él ya con el talante cambiado, es decir con cara de “vos me querés cagar”, y el loco me dice algo de Argentina, de fútbol, y le digo “ja ja”, o sea “sí sí” en alemán, y caminamos por el playón gigante y le digo “change wo? Where?” o sea, en inglés y alemán, “Cambio, dónde?”, y dice “bank” y me señala nada para adelante, y pasamos frente a un tipo café (típico en las estaciones de ómnibus, donde todo es re caro y de mala calidad) y cinco tipos están sentados a la mesa, y si estuviera viendo la escena en mi casa en la tele diría que son cinco mafiosos (aunque me pese la xenofobia) porque tienen algo parecido a trajes y tienen la cara de mafiosos que la tele me enseñó que tienen los mafiosos, y uno de ellos se da vuelta y le grita algo al turco re turco, y le hace el gesto de la plata (y usa tres dedos, y hasta quizá incluso se le escapó un cuarto dedo sobre el desliz), es obvio que le está pidiendo guita, y este que me guía, que de repente parece un pobre diablo que le debe a medio mundo, le grita algo y sigue caminadno, pero el otro insiste y yo pienso que lo que le dice es “de ese negocio me tenés que dar algo”, reemplácese “negocio” por “muchacho” (es decir, yo) y se verá claramente a qué me refiero. O quizá le decía que ese billete en la mano era para él, quién sabe. Pero yo sigo a este tipo y caminamos por el playón y entramos a una galería donde hay puestos de fast food, tiendas, y toda la parafernalia comercial de una estación de ómnibus de una megalópolis, y aparece un tipo atrás de él, no sé si el que le pedía plata desde lejos, pero da igual, le dice algo, este turco re turco le responde, medio que se jetonean, pero es difícil saber cómo se están hablando porque los turcos hablando siempre se jetonean, y entonces el que me guía saca un billete y se lo da al otro, y yo seguramente con cara estúpida del espanto me acerco mucho al billete para ver qué carajo le estaba dando, porque si era mi billete y se lo daba en mi cara yo ya me iba a indignar, porque puedo ser boludo pero tampoco dos veces boludo, pero al arrimarme veo que es un billete de cinco liras turcas, y concluyo que el loco es el que le gritó desde lejos pidiéndole plata, así que seguimos caminando. A la pasada otro loco le habla, este le responde, siempre a los jetazos, y a la izquierda aparece otro que le dice algo, y conversan cortito y este sigue, y después uno de un puesto de comidas le dice algo y éste responde y después dice algo de Messi, de fútbol, y me da la mano y me dice su nombre, que no suena para nada como el nombre que me dio el tipo de la computadora en la oficina escueta hace cuatro minutos, y me pregunta el mío, y le repito “daniel” y dice algo que no entiendo pero que suena igual a algo que dijo antes la primera vez que le dije “daniel”, así que supongo que se le acaban los recursos para ganarse mi confianza y se está repitiendo. Cuando un tipo se repite así, hay algo mal que no anda bien, me recuerdo, pero no veo una razón aparente para decirle “dame la guita y andate”, así que lo sigo un poco más. Además debo confesar que en estas situaciones siempre estoy esperando que suceda algo riesgoso, que pase algo nuevo, algo que me ponga a prueba, algo que rompa ciertos límites. Y le digo “change bank? where?”, es decir “cambio banco? dónde?” y me dice “change” y llegamos después de unos recovecos dentro de esos pasillos típicamente turcos (como si en el diseño de la infraestructura y el montaje de los mercados estuviera dispuesto para la confusión desde el mismísimo espacio, admirable arquitectura del engaño) a la caja de cambio de dinero. Ofrece mis cincuenta y dice doscientas cuarenta y cuatro sílabas en una lengua inasible, y yo de atrás sintiéndome un poco un estúpido y un poco un paranoico digo “25” en inglés, por las dudas, porque andá a saber si no le estaría diciendo cualquier barbaridad,capaz estaba cambiando toda la guita en liras. Y pasó lo que me imaginaba, el tipo le da 20 y el resto en liras, es decir 30 euros en liras, y yo le digo “no, no, 25” y él me dice algo en turco y algo en inglés, que entendí perfectamente y era algo como “pero no se puede 25 entonces te doy 20 euros y 5 euros en liras” pero yo ya cansándome de este tipo le explico en inglés, me importa un corno si me entiende o no, le digo algo que en español sería como “ya sé, yo te entiendo, querés darme 5 euros en liras porque el loco parece que no tiene cinco euros en billetes, pero yo no quiero cambiar 30 euros, porque no necesito liras turcas, yo quiero cambiar 25 que es lo que sale el pasaje, no quiero cambiar liras” y lo repito un par de veces y el loco escupe algunas sílabas insistidoras, y el empleado de la caja de cambio me muestra el papelito, el ticket del cambio, y lo chequeo para asegurarme si entendí, y veo que cambió 30 euros, así que insisto en que no, y el bendito empleado se percata de la situación (no era difícil ante mis constantes “no, no, no, no”) y le pide toda la plata al loco turco re turco (que ya se la guardó en el bolsillo, moneditas y todo, excepto mis 20 euros, que me había devuelto), y éste medio quejándose va sacando la plata y la deja sobre la barra y el empleado agarra toda la guita y le doy los dos billetes de 10 euros y deja el de 50 euros que el turco re turco agarra de nuevo, y salimos caminando otra vez sin explicarme nada, y yo no digo nada porque ya estoy caliente y lo sigo atrás mucho más de cerca, sin ganas de hablarle ni de preguntarle nada, voy como esperando que me quiera cagar para poder mandarlo a la mierda y pegarle (aunque no le voy a pegar porque yo no le puedo pegar a nadie), y damos otra vuelta por un pasillo y aparece un loco vestido de negro que empieza a jetonearlo y se jetonean los dos y salimos al playón en la otra punta de donde habíamos arrancado y estos dos se jetonean y parecen bailar en el mejor arte jamás montado, porque lo miro al turco re turco y está como ofendido por algo, lo increpa al otro como enojado en serio, y el otro también le responde medio violento pero en la cara le veo algo que está más cerca de la joda que de la pelea, y yo atrás de ellos caminando mirando fijo el billete, esperando que el turco re turco se lo pase medio de escondidas al otro, o que el otro se haga el caliente y se lo saque de las manos, y el turco re turco le grita algo al de negro y se cruzan, caminan para un lado y otro, se van haciendo zig zagues, como seseando sobre el playón, gritándose y repeliéndose, y yo atrás medio agachado, seguro algo jorobado mirando fijo el billetito que pende de los dedos del turco, y por momentos veo inminente el intercambio de manos, pero no sucede, y quedan de pronto delante mío los dos, y el que tiene mi billete lo sostiene firme medio como escondiendo la mano, y el otro le dice algo que simula ser enojado pero en los ojos le veo la sorna, casi como si actuara, y más tarde me pregunté si este loco no es el mismo que el que estaba en la puertita cuando llegué a la terminal, y entonces me caliento y temo por mi billete así que mientras el de negro le tira un manotazo débil al turco re turco yo me arrimo y le agarro la mano del billete e intento agarrar el billete y me lo corre, lo apreta fuerte, y se da vuelta como ignorando al de negro, enojado, y el de negro deja de insistir, y yo lo sigo de cerca y le empiezo a jetonear “give me my money” o algo semejante, ya ni recuerdo, es decir, “dame mi plata” o “dame el billete”, y también le digo “damelo, yo lo llevo, yo te sigo pero lo llevo yo, damelo” y lo voy a buscar de nuevo con la mano y se lo saco de la mano, abre el mecanismo prensil que nos permitió desarrollar el primer sistema de comunicación humano y asir herramientas y ponernos de pie y desarrollar el cerebro y construir imperios, trazar leyes y caminos, elevar el mármol, inventar la pólvora, encontrarnos en esa ciudad hace casi 600 años y transformarla de romana a turca y tener hijos y vivir en el río Volga y mudarse a América y volver a Europa con una beca y encontrarnos ahora en esta terminal él y yo, en esas dos manos que luchan por un papelito mugriento que parece muy importante (y de hecho, lo es), y le quito el billete.
Ahora estoy más tranquilo. El tipo parece fastidiado también, pero como yo estoy fastidiado no me importa un carajo cómo se siente él. Entramos a una oficina, Alpar, y veo un mostrador, una mujer bestida prolijamente, un tipo más peinado, con ropa más limpia y hay un par de computadoras que parecen estar haciendo algo importante, hay valijas en el fondo, hay gente, y mi compañero re turco les dice que a Grecia a las 21 en inglés y la mujer responde brevemente pero en un inglés prolijo y de una manera acompasada, eso que los burgueses llamamos “educada”, y yo me siento en mi salsa, siento que estoy donde tendría que haber estado del comienzo, y enseguida siento una vergüenza irrefrenable por mi pobre vanidad de burgués, me siento un estúpido por confiar tan ciegamente en un uniforme, un inglés cortés y más prolijo, en que haya una mujer (porque por prejuicios creo que donde hay una secretaria tan bien vestida que hable inglés de esa manera, hay una paga y, puede haber violencia y puede haber corrupción, pero hay un servicio que intenta satisfacer mínimamente al cliente. Prejuicio imbécil, como todos los prejuicios, pero sirven tanto hasta sentir vergüenza), y entonces sigo desconfiando, pero seguro que es más por orgullo estúpido de querer creer que no confío ciegamente en esos detalles. Y el turco re turco me explica todo lo que la mujer dice, o intenta decir, y yo ya no lo miro ni lo escucho, porque me parece un delincuente, un chanta, un charlatán, y estoy enojado y ya estoy donde quería estar, pero entiendo perfectamente lo que el tipo hace: después de la tramoya que fue armando, del (posible) teatro con el otro tipo, de quién sabe cuántos arreglos entre ellos en esa estación tan grande, habiendo fallado todo, ahora iba a por lo mínimo: una propina. Pero yo estaba enojado, y además no tenía un sope para darle, porque las cinco liras que me quedaban (que no alcanzan para nada en una estación de ómnibus, y para poco fuera de ella) las quería usar para garronear algun cacho de pan por ahí en la estación. Y el tipo del mostrador dice “passport” y yo saco el pasaporte, y el turco re turco repite “passport” y lo mira y tiene todas las ganas de agarrarlo y entregarlo él mismo, y lo entrego, y el tipo pregunta “where?”, es decir, “dónde?” y yo digo “Alexandroupolis” y el turco re turco repite “Alexandroupolis”, y entrego el pasaporte y pregunto cuánto es, y la mujer me dice “20 euros”, y el turco re turco repite “20 euros” y yo ni lo miro porque pienso que voy a encontrar la vergüenza en sus ojos, porque él me había dicho 25 y ya en la voz le siento que faltan esos cinco euros, y saco la billetera para sacar el permiso de vivir en Alemania, y el turco re turco mira la billetera fijo y yo me siento como me suelo sentir en esas situaciones: la culpa de tener lo que el tipo (aparentemente) no tiene, pero a la vez siento algo nuevo: bronca, enojo, y eso ayuda un poco a mitigar la culpa, pero no del todo, porque nunca me gustó justificar las culpas. Me corro de donde está la chica y me paro frente al tipo, que me pide el pasaporte otra vez, estaba al lado de la chica, se lo señalo con cara de “ya te lo di, hermanaco” y lo agarra, tipea los datos, y yo empiezo a confiar en estos locos, e imprime algo, es para el equipaje, y me dice que el equipaje va ahí atrás, en una pequeña habitación, y yo pienso “faltan seis horas para mi viaje, ¿por qué creen que voy a dejarles mi equipaje ahora?” y el turco re turco ya no sabe qué hacer para ayudarme, para ganarse la propina, repite muchas de las cosas que se dicen, yo no lo miro, me explica “allá va el equipaje”, después dice “el bus sale de ahí”, después dice “ese papel es para el equipaje”, y a eso le respondo “ya sé”, todo esto en inglés, claro. El tipo del mostrador me da el ticket, lo leo para asegurarme de que todo está en orden, leo el orden de la empresa, y le doy la mano al turco re turco y le digo algo, no recuerdo qué, pero para despedirlo, y me agarra la mano y ya quiere arrancar de nuevo afuera al playón, dice algo de “café” y yo le digo “no, ya está loco, gracias”, en español, y me dice algo que incluye la palabra “tip”, es decir, “propina”, y yo le digo que no, porque ya di varias propinas, a un tipo en Praga le compré una hamburguesa, a un nene en Estambul una lapicera, di monedas, pero debería decir que me arrepiento, que no fueron obras de dios lo que hice, ni sé qué fueron, porque siempre es difícil saber qué hacer en esas situaciones; a veces me chupa un huevo la plata y doy algo porque pienso que somos todos hermanos y tenemos que ayudarnos, pero a veces me pongo receloso y no doy nada, y ahora que estoy molesto le digo que no, que no le voy a dar nada porque yo tampoco soy rico, soy estudiante, y que yo necesito la plata para comer, y obvio que es un poco estúpido decir algo así cuando lo que estoy haciendo es viajar por Europa (aunque sea cierta que con mayor frecuencia como pan y tomo agua porque hay que ahorrar algunas cosas y porque no me interesa tanto comer como poder conocer las ciudades y los paisajes y hacer alguna excursión barata), pero a la vez no es estúpido, porque es perfectamente cierto que necesito el dinero, pero bueno, explicaciones justificativas aparte, le digo que no reiteradas veces, hablamos cada uno en su lengua y después nos damos vuelta y no nos miramos más.
Inspecciono el lugar un poco, y el tipo del mostrador me dice que arriba no sé qué, veo que dice “waiting room”, sala de espera para los que viajan, y le digo que ahora no, que después, me dice que está bien, y todavía estoy algo conmocionado por toda esa situación, siento que en quince minutos ese turco me enseñó doscientas cosas, y me acuerdo de la universidad de la que me habló mi viejo que es la calle, cosa que ya sé, cosa que a veces he vivido, pero aparentemente nunca de esa manera, quizá porque era en otra lengua, quién sabe. Salgo al playón y me quedo parado pensando qué hacer, y un taxista para y me dice algo en turco, lo miro y le digo que no, y le señalo la oficina de viajes y le digo que me voy en español y sigue hablando y me canso, me doy vuelta y salgo caminando para los cafés, y en una mesita está sentado el de negro, que me mira y me reconoce, y se da vuelta cuando no lo miro más y tengo la sensación de que le dice algo de mí a alguien más, y entonces dudo sobre qué hacer, pregunto para comer en un lugar, cuando les digo que tengo cinco liras dicen que me olvide, y salgo para los pasillos pensando en cambiar esas cinco liras, cosa que no hice en todos los países, cambiar lo que me sobraba de vuelta a euros, en general porque no te cambian monedas o billetes chicos o por ciertas casualidades, y paso por una panadería y veo esos anillos turcos de pan cuyo nombre no recuerdo y saco la billetera y no veo mi billete de cinco liras, y recuerdo que ya lo usé para los tickets del metro, y entonces busco las monedas, y encuentro algo así como 2.80 en moneditas, e inocentemente le digo algo en Inglés Indio (y dale con los estereotipos… no puedo creer que decimos “indio” para decir que es hablar “mal”… Qué pelotudos que somos, lo dejo escrito para la posteridad), palabras sueltas, que quieren decir que no tengo mucha plata, que “no me alcanza para nada, ¿no?” y me pide las monedas y le digo que no, que quiero saber si me alcanza para algo, y me pide las monedas, y le digo que no, que quiero saber si me alcanza para algo, y me pide las monedas y pienso que quizá quiere contarlas y se las doy y las tira todas sobre una cajita con monedas (que está casi vacía) y me señala uno de los anillos esos y entonces recuerdo que yo quiero guardar algunas monedas de cada país que visito, como recuerdo y para mostrarle a mi familia cuando vuelva, entonces le digo que me devuelva las monedas, y el tipo dice que no, me ofrece esos anillos, le digo que no, que me dé las monedas, que las quiero, y me insiste en los anillos, y yo le insisto en las monedas y las junta y me las devuelve, y las miro y en inglés le digo algo así como “hagamos así, yo te doy todo esto y me quedo con UNA moneda, y vos me das ese anillo para comer” y le repito que me quedo con UNA moneda, y él me da una moneda que estaba en la caja, con lo cual yo entiendo que el tipo me estaba cagando 25 centavos de lira y él entendió que yo le estaba reclamando esa moneda que me faltaba, aunque yo no cuenta me había dado porque ni había contado cuánto tenía exactamente. Y recuerdo entonces que alguien, vaya Dios a saber quién, dijo una vez en cierta situación en la que alguien más había dicho “yo no soy mal tipo”: “eso no lo decidís vos, eso lo decidimos nosotros, el resto”, y me percaté de que el turco me había hecho un tipo avispado, él me veía reclamando mi moneda de 25 que se había quedado él, me veía atento a todas las monedas, atento al negocio y a que no me cague un sólo céntimo, cuando lo que yo en realidad le había dicho era cualquier otra cosa. ¿Qué pasó en ese momento? ¿Yo le reclamé mi moneda o le quise dar todo menos UNA moneda? ¿Quién lo decide? Hasta donde el turco se imaginó (y contaría a alguien en el caso de que se le ocurriera contarlo), yo era más ducho de lo que yo mismo creo que soy. Y entonces me estoy por ir y me dice “¿1.50 okay?” y yo miro los anillos y entonces me cae la ficha: claaaaaaaaaaro que hay que regatear con los turcos en Estambul… y me da tremenda gracia, porque en los folletos turísticos dice “regatee amablemente por unas alfombras en el mercado egipcio” o algo semejante, y a mí me dan ganas de reírme porque hasta en una estación de ómnibus hay que andar peleando por un anillo de masa, un cacho de pan básicamente, con unas monedas, y esa historieta de los turcos regateadores de precios me pega en la cara, y me pongo chocho porque 1.50 tengo y me sobran monedas para guardarme, y le doy 2 liras, me da 0.50 de vuelto y el anillo, y cuando lo miro para saludarme espero encontrarme a un tipo contrariado, enojado por mis vueltas, por mi exigencia, pero no: encuentro los ojos de un comerciante como cualquier otro que ante mis ojos de despedida me saluda imparcialmente, como se saludan dos desconocidos después de cualquier compra, sin rencor alguno, y me siento tan pequeño, como me vengo sintiendo en todo el viaje, tan ínfimo en comparación con las formas de vida que existen en el planeta, con la cantidad de costumbres y de hábitos que se dan, desparramados por doquier, y me río y siento una especie de admiración por esa cultura del regateo, por esa capacidad de actuación del turco que casi logra sacarme alguna propina (y que quizá se merecía por el esfuerzo, por lo artista que es, y porque en definitiva me llevó a la oficina que yo necesitaba, aunque primero me diera muchas vueltas), y por las magias de la vida, que hacen que por fin, no sé por qué en Turquía, al otro lado del mundo, (puesto que ya he vivido cosas similares en Buenos Aires, pero quizá la distancia y la soledad me vuelvan más sensible a todo) aprenda que no hay que confiar tan fácilmente en cualquiera y que enojarse está en todo mi derecho.
¡Y viva Turquía, carajo!

12-03-16
Estación de ómnibus de Estambul, Turquía

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