Canción

Por Lucas Tejerina

Hoy que no he tenido razones para morir
más que la razón primaria de todo nacimiento
recordé a la mujer que escribía mi piel.
Y reanudé las tardes que se nos caían,
sentados, transcurriéndonos,
escribiendo cartas a padres moribundos,
tomando café y cerveza,
mientras transeúntes invisibles jorobaban sus miradas
para espiarme las manos que ella no supo leerme.
Tenía la mujer
un aire infantil
que doblegaba a la humanidad,
aquel domingo que inundé su vientre de cenizas
y se marchó rezando
la inútil alegría que nunca supe darle.
Hoy,
este vacío e inanimado
aunque gigantesco lunes de abril,
me consuela Van Gogh
quien sufrió toneladas de mundos más que yo
y se murió blasfemando contra el viento y los cuervos.


Publicado en Gambito de Papel N° 7, en marzo de 2017

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